"A estos ‘etiquetadores’ les cuesta admitir que se puede ser navarro delicado, madrileño humilde, estudiante trabajador y perezoso a un tiempo, o varón inseguro"

Actualizado el 09/09/2024 a las 22:59
Los andaluces son simpáticos, los madrileños chulos y los navarros brutos, dice un hombre en la cafetería con acento gallego y clasifica en un pispás a 16 millones de ciudadanos.
Y los votantes de izquierdas, más solidarios que los de derechas, responde su interlocutor.
Mientras me tomo el cortado pienso que poner etiquetas es categorizar de manera simplista y radical, sin atender a matices y despreciando la complejidad de las personas. ¡Cuántas bobadas!
Etiquetar es una de nuestras tragedias. Ha convertido al varón en seguro y protector y en sumisa a la mujer, en perezosos a unos y trabajadores a otros. Ha creado listos y tontos en la escuela. Un sambenito que un día cae del cielo y te exige identificarte con las decisiones que adopte por ejemplo el partido a quien entregaste el voto, como si hubieras regalado un compromiso de por vida a quien solo diste un día una papeleta.
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Hay quien lo mete todo en una caja. Los jóvenes hoy no se comprometen, dice mi vecino de mesa. Y se queda tan ancho. ¿A cuántos conoce? ¿Con cuántos ha hablado? En la calle no falta quien ve la existencia como la noche previa a las rebajas en El Corte Inglés con reparto generalizado de etiquetas para todos. Es más fácil así.
Catalogar ropa de verano, pantalones vaqueros, vestidos estampados o bañadores de niños. Sin matices. El etiquetado constrictor. Y en la tarea voluntarios con antorcha que creen dar luz al camino y etiquetan a los demás. No entienden que un ser humano elija una idea de aquí, un pensamiento de allá, una emoción de acullá.
A estos ‘etiquetadores’ les cuesta admitir que se puede ser navarro delicado, madrileño humilde, estudiante trabajador y perezoso a un tiempo, votante de derechas solidario o varón inseguro.
¿Quién no es fuerte y débil, sobrio y exagerado, generoso y tacaño? “No conviene etiquetar las cosas como blancas o negras, sino hacer un esfuerzo para percibirlas como blancas y negras a la vez. O como grises, rojas, azules, amarillas... Tener rasgos buenos o malos, no significa ser una buena o mala persona” escribía el psicólogo americano Albert Ellis.
Que cada cual tenga su espacio y cada quien su opinión. ¡Qué rápidamente formamos un juicio del otro, lo clasificamos y llegamos a una conclusión descalificadora sobre ellas!