Nuevos riesgos: fiebre del Nilo

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Teresa Ferrer

Publicado el 05/09/2024 a las 05:00

Las zoonosis son enfermedades transmitidas de animales a humanos, más de doscientas distintas. Algunas viejas conocidas, otras con vacunas y otras ya erradicadas que vuelven. Son enfermedades emergentes o reemergentes y un gran porcentaje de las enfermedades infecciosas. Los patógenos son bacterias, virus o parásitos y nos infectan por contacto directo o a través de alimentos, agua o el medio ambiente. Representan un importante problema de salud pública en todo el mundo, debido a nuestra estrecha relación con los animales.

Según datos de la OMS, suponen el diecisiete por ciento de la carga mundial de enfermedades transmisibles, causando 700.000 muertes al año. Los principales vectores implicados son artrópodos como mosquitos, garrapatas y flebótomos y algunas podrían ser prevenibles con medidas de protección y control. No son nuevas, ya que siguen siendo una causa de morbimortalidad mundial, pero ha habido un auge en Europa derivado del cambio climático, los diferentes usos de la tierra, la globalización y otros. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades anunció que “las enfermedades transmitidas por vectores son un grupo de infecciones que constituyen a fecha de hoy una amenaza para Europa, por lo que requieren una especial atención”. España, por su situación geográfica, tiene alto impacto del cambio climático, al ser transición entre África y Europa con rutas migratorias incluidas. Sin embargo, me centraré esta vez en la fiebre del Nilo, que desgraciadamente sigue originando muertes en Andalucía, entre ellas de una navarra. Se trata de una zoonosis causada por un flavivirus que se transmite por mosquitos, del género muy común Culex, a través de aves. Nosotros y los caballos somos fondo de saco, es decir, podemos padecer la enfermedad, con nefastas consecuencias, pero no podemos transmitirla. Sin embargo, las aves son reservorio de la enfermedad, capaces de transportar el virus sin tener síntoma alguno y diseminarlo a través de los mosquitos. Ya se sabe cómo va esto, el mosquito pica al ave infectada, éste transporta el virus y lo transmite al picar a otro hospedador, caballo o en el peor de los casos, humano. Es una enfermedad de declaración obligatoria, por lo que en los organismos de salud se contabiliza y el periodo de incubación es de dos a catorce días. Su mayor riesgo está ligado a la temporada de circulación del mosquito, especialmente entre abril y noviembre.

Desde hace más de diez años se sabe que circula en aves y caballos de Andalucía especialmente, zona de marismas y arrozales, con especial incidencia en humanos desde 2020, con un aumento sin precedentes y graves consecuencias como encefalitis. Por ello, existe reglamentación europea y nacional, estudios de riesgo y programas para su control. Andalucia publicó un Plan de vectores, y las estrategias para manejar estos nuevos riesgos son complejas. Existe un Programa nacional de vigilancia, que se implantó en Navarra, con el objetivo de detectar su circulación y el riesgo de enfermedad, sin datos preocupantes por el momento y riesgo bajo. Lo que sí es claro es que debemos adaptarnos a los nuevos riesgos con una estrategia basada en el enfoque “Una Sola Salud” ya que la salud humana, la animal y la ambiental están interconectadas y el abordaje de estas enfermedades debe hacerse desde los tres ámbitos. Aquí sí necesitamos avance e implicación en las instituciones para estar a la altura de los nuevos riesgos.

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