"En plena Europa del siglo XXI, la compraventa de seres humanos pervive en unos hombres y mujeres cuyo destino personal y profesional está en manos de nuevos negreros"

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José María Romera

Publicado el 31/08/2024 a las 05:00

Podría ser una más de las hipérboles acostumbradas en el lenguaje futbolero, un lenguaje proclive a la hinchazón que trata de suplir con excesos verbales la vacuidad natural de sus contenidos. 

Pero no lo es: cuando estos días de comienzo de liga los cronistas del ramo dicen y escriben que un determinado jugador “ha sido comprado” por tal club o que a este otro “lo han vendido” por tantos millones, los verbos comprar y vender no actúan como mera figuras retóricas. 

En plena Europa del siglo XXI, la compraventa de seres humanos pervive en unos hombres y mujeres cuyo destino personal y profesional está en manos de nuevos negreros que se apropian de sus derechos. 

Es cierto que a menudo son perceptores de altos ingresos y gozan de vidas acomodadas; el fútbol nos tiene habituados a esta clase de paradojas, porque en lo que concierne a sus usos y costumbres dispone de un fuero especial. 

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Ya que en él se toleran actos que fuera del campo serían castigados por los jueces con todo rigor, y están bien vistas conductas sociales, económicas y culturales que consideramos inadmisibles en otros ámbitos de la vida moderna, nada de raro tiene que en su seno se practique la esclavitud con toda naturalidad. 

Una esclavitud dorada, glamurosa, quizá envidiable para muchos, pero no muy lejana de la que sometía a los gladiadores de circo romanos o a los músicos negros de blues en Misisipi. 

El caso es que los jugadores son bienes de intercambio propiedad de los clubes a quienes sirven. El término “propiedad” no es figurado; lo consagran los contratos y la propia legislación que rige las transacciones entre unas sociedades deportivas y otras. 

A veces la propiedad sobre un futbolista está troceada entre varias entidades, no se sabe muy bien de qué manera. Dado el carácter físico de su actividad, quizá una posea la pierna derecha, otra la izquierda y otra la cabeza o el torso, que no hay parte del cuerpo mala si sirve para meter goles. 

Si al periodo de fichajes que acaba el día de hoy se le llama “mercado”, habremos de deducir que lo que en él se compra, vende y alquila es una mercancía como el pescado o los muebles. La Boétie habría tenido aquí unos ejemplos perfectos para ilustrar su ‘Tratado de la servidumbre voluntaria’.

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