"Casi sin darnos cuenta hemos mutado en algo pegado a una máquina, somos presos ya de una tecnología que suplanta a la vida y dificulta la comunicación real y la propia vida interior"

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Pedro Charro

Publicado el 26/08/2024 a las 05:00

Hace tiempo que Urroz Villa, con su gran plaza del Ferial, que desafía a cualquiera, se ha convertido en villa del libro, al modo de otros lugares, como Urueña, que han venido a atender al libro y a hacer en torno a él su causa y su refugio, y allí, en Urroz, se han celebrado unas nuevas jornadas en las que se ha hablado del placer de leer, un placer que es en realidad de primera división, un regalo que uno se puede hacer en la vida y dejar como herencia a los que vienen detrás, pues, a diferencia de los placeres que ahora menudean, ofrece un satisfacción distinta, más profunda y fuerte que el consumo inmediato y la adicción compulsiva que traen los artilugios que nos ocupan el día. 

Toda la incesante oferta de los móviles y sus redes, por donde la atención no puede detenerse y la mente deriva sin parar de uno a otro sitio, a saltos, sin concentrarse nunca, hasta que el final no sabemos lo que hemos visto. Y salimos de allí como quien sale de una mala noche, mareados de estímulos y mensajes incesantes. Dedicamos al móvil, según dicen los estudios, más de tres horas al día, aparte de otras pantalla como la tele o el ordenador.

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Casi sin darnos cuenta hemos mutado en algo pegado a una máquina, somos presos ya de una tecnología que suplanta a la vida y dificulta la comunicación real y la propia vida interior. 

Moderar ese consumo es un reto cada vez más necesario. Para ello tenemos el libro, que dentro de poco será un símbolo de rebeldía, una manera de escapar del sistema, de individualizarse y salvarse porque el placer de leer es algo que no disipa la vida, sino que la potencia, y la lectura, como el silencio, que es otro capítulo, es una manera de ensancharla.

La buena vida que debe ser nuestro empeño, tiene a su disposición la lectura, como tiene la conversación y el paseo y la música, que son un baluarte frente a una vida amenazada por lo falso o por lo que otros deciden. La lectura tiene un ritmo propio, donde es posible detenerse y el lector manda. Y si ha elegido bien, el libro le llevará al encuentro consigo mismo.

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