"Se esfuma Puigdemont de nuevo, pero sobre todo se esfuma la idea de una nación de ciudadanos iguales por encima de identidades y lenguas"

Publicado el 11/08/2024 a las 16:07
Se esfumó Puigdemont delante del auditorio, frente al parlament, en el día y la hora que había anunciado, desapareció como aquel mago Houdini que practicaba el escapismo y dejaba al mundo boquiabierto y su desaparición tenía algo de de comedia chusca, de performance para despistar, de tongo consentido, de Mortadelo y Puigdemont, como escribió Reverte, pero el auténtico drama sucedía dentro del parlamento, en la investidura de Illa, que pedía una amnistía sin cortapisas, defendía el acuerdo con ERC -incluida la financiación singular y la marginación del castellano- y volvía a hablar de federalismo para despistar, lo mismo que Sánchez poco antes, lo que no es sino una manera de jugar con las palabras para encubrir la verdad.
Una federación requiere una nación política común y un sentimiento de lealtad, lo que se ha visto muy bien estos días en las Olimpiadas, cuando deportistas de países como Estados Unidos o Alemania, de larga raigambre federal, se envolvían en su bandera cantando emocionados el himno. Son de un país del que se sienten orgullosos, no sienten vergüenza de pertenecer a él.
El acuerdo con ERC no es para envolverse en la bandera de todos, no es el camino hacia el federalismo, pues en los países federales los distintos territorios reciben un trato igual y robustecen su unidad, sino hacia la confederación, que es el proyecto de fondo que se nos quiere colar, donde algunas comunidades pactan de forma unilateral con España, y no miran más allá de ellos mismos.
Se apuntan a las ventajas y huyen de las obligaciones.
De eso va esa financiación singular que no busca un sistema más justo, acordado entre todos, sino que trata sencillamente de reducir la aportación catalana, como pago a unos votos para seguir en el poder, poniendo de paso todo el sistema en entredicho.
Se esfuma Puigdemont de nuevo, pero sobre todo se esfuma la idea de una nación de ciudadanos iguales por encima de identidades y lenguas, un auténtico proyecto progresista que se tira impunemente por la borda.