Opinión
Puigdemont es un crack


Actualizado el 09/08/2024 a las 09:57
Duele, y mucho, pero hay que reconocerlo: Puigdemont es un crack. Y si no ha sido él, todo su equipo de asesores son unos cracks y Puigdemont es un artista. ¡Qué manera de interpretar! Lo que ha sucedido, mal que nos pese, es una obra de arte del escapismo digna de una serie de Netflix. Pero duele, y mucho. Porque lo que ha pasado en Barcelona es una vergüenza. Porque a día de hoy, y a pesar de Pedro Sánchez, Puigdemont sigue siendo un prófugo que tiene que rendir cuentas ante la justicia.
Un prófugo que se ha reído a la cara de todas las fuerzas de seguridad, de la Justicia, de los gobiernos catalán y central, de millones de catalanes y de millones de españoles y de un sistema que se presupone serio (¡estamos como para dar lecciones a las repúblicas bananeras!).
El mayor golpe lo ha sufrido la credibilidad del sistema. Ha quedado demostrado que la justicia no es igual para todos. Pruebe, pruebe usted. Arengue a su familia, a su cuadrilla de amigos o a su entorno a salir a la calle, a quemar contenedores, a romper escaparates, a asaltar el aeropuerto de Noáin porque quiere que su comunidad de vecinos sea independiente del resto del barrio. No le va a pasar nada. En pro de la convivencia le perdonarán los delitos. No hace falta ni que huya. Bueno, mejor dicho, huya. Dese el gustazo. Así podrá regresar y escaparse sin que por el camino le echen el alto.
Lo sucedido solo es el colofón, pero no hay que olvidarse de quién ha dado las alas a Puigdemont: el presidente del Gobierno Pedro Sánchez. La amnistía acordada con el objetivo de mantenerse en la Moncloa ha servido al prófugo para venirse arriba e idear su regreso de la manera que hemos sufrido. Esperemos que el enlace entre Moncloa y Puigdemont, el socialista navarro Santos Cerdán, no estuviera al tanto de lo que iba a ocurrir. De ellos dos, de Sánchez y de Cerdán, también se ha reído a la cara.
Pero en el fondo, los objetivos se han conseguido: Pedro Sánchez está en la Moncloa, Salvador Illa está en la Generalitat y Puigdemont, que derrotado en las urnas no podía aspirar a más, se está partiendo de risa en vaya usted a saber dónde. El esfuerzo ha merecido la pena. Unas horas de sonrojo, aunque dudo mucho que se les ponga la cara colorada, y a otra cosa mariposa.