Una lacra con víctimas cada vez más jóvenes
"Cuatro de cada diez víctimas de violencia sexual en Navarra son mujeres de menos de 18 años. Unos datos que añaden honda preocupación para un problema que está lejos de erradicarse"

Publicado el 29/07/2024 a las 05:00
La violencia sexual contra las mujeres representa una lacra desafiante para nuestra sociedad, y las cifras refrendan que desgraciadamente está muy lejos de desaparecer. Más aún cuando la edad de las menores que denuncian agresiones es cada vez más baja.
Algo que añade una honda preocupación, y sobre lo que es necesario trabajar con denuedo. Según los datos de los cuerpos policiales que operan en Navarra, en lo relativo a la violencia sexual específicamente, 4 de cada 10 mujeres que acuden a una comisaría (39%) tienen menos de 18 años. A lo que hay que sumar que otro 32% está entre los 18 y 29 años.
Los datos de estos informes, realmente preocupantes, y la opinión de los expertos van en la misma línea: las mujeres que denuncian algún tipo de violencia sexual son cada vez más jóvenes. Sin obviar, que las cifras de denuncias por violencia contra las mujeres son elevadas en todas las franjas de edad.
Resulta impactante que en unos tiempos en los que tanto se trabaja la concienciación social sobre la obligada y necesaria igualdad y el respeto, hechos tan aberrantes como la violencia sexual, sea del grado que sea, esté llegando cada vez a víctimas de edades más tempranas.
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Y que todavía haya personas que banalicen estas repudiables actitudes, que afortunadamente se topan con la valentía de unas víctimas que no cesan en su denuncia. Casos que cuentan en la mayoría de situaciones con la eficaz respuesta de los cuerpos policiales.
Que las denuncias en Navarra de distintas formas de violencia contra las mujeres hayan aumentado durante 2023, igual que los delitos contra la libertad sexual, y que cada vez la edad de menores que denuncian agresiones sexuales sea cada vez más baja, es una realidad que interpela al conjunto de la sociedad.
La Administración trata de ponerle freno con distintas medidas, pero es evidente que los resultados están lejos del éxito deseado. Para contribuir a erradicar esta abominable violencia es obligada la implicación de todos. Incidiendo, además de las normas, la intervención institucional y las penas correspondientes, en una necesaria educación que haga la necesaria mella en las nuevas generaciones.