La Eurocopa y Gibraltar

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José Ramón Remacha

Actualizado el 21/07/2024 a las 23:25

La final de la Eurocopa ha producido un efecto inesperado en la cuestión de Gibraltar. Con sorpresa y grave disgusto para las autoridades gibraltareñas. Tras lo ocurrido han llegado a ver un partido de fútbol donde el equipo local juega contra el Shelbourne de Irlanda y donde la afición irlandesa ha entonado el mismo cántico que la española en Cibeles.

Aquí ha sido un episodio en los actos de celebración llevados a cabo en Madrid, en la Cibeles, y en La Línea, en la valla de Gibraltar. Un cántico para celebrar la victoria deportiva sobre un contrincante que representa a Inglaterra. No ha sido un acto político de la selección española. Ha sido una manifestación con eco social. Mucho ruido y poca música.

Por el lado británico ha dolido claramente, sobre todo en Gibraltar. Fabián Picardo, jefe del gobierno local, no ha escatimado improperios. Ha dicho que las expresiones de la selección son rancias, franquistas, ofensivas, e incitan a la usurpación territorial. La Asociación de Futbol gibraltareño ha formulado una denuncia a la UEFA contra el equipo español por una actuación politica considerada como impropia de este deporte. El organismo internacional ya ha anunciado que investigará los hechos.

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En Londres también han acusado el impacto, pero hacen como que no pasa nada. Al estilo de la casa, registran la derrota con deportividad sin referirse a la cuestión de Gibraltar. Pero sí que arremeten contra el presidente Sánchez, resaltando que está en horas bajas por las cuestiones judiciales que afectan a su esposa.

En resumen, se ha producido espontáneamente una llamada de atención desde la opinión pública española hacia el viejo tema rocoso, y lo relevante es que ha sido al margen de la acción del gobierno. No es una reclamación oficial sino popular y espontánea.

Decir que el mensaje es rancio y franquista no es una respuesta convincente porque está formulada desde la ignorancia y la demagogia y la opacidad que envuelve a la cuestión de Gibraltar. El desgraciado desencuentro que subyace en la reclamación de Gibraltar condiciona la relación entre España e Inglaterra, y viene de muy atrás. Tiene su origen en la misma negociación del tratado de Utrecht de 1713 por el que se hizo la cesión. Conviene aclararlo.

La investigación histórica reciente, basada en la correspondencia hallada entre Luis XIV y su nieto Felipe V, demuestra que la negociación para la cesión de Gibraltar se llevó a cabo por iniciativa y protagonismo de Francia, de forma secreta y en contra de la voluntad del cedente. Todo ello consta por la documentación recuperada tras el terrible incendio que devoró el Archivo Nacional en Agosto de 1939.

Los documentos se perdieron, pero el sentimiento por el despojo gibraltareño a espaldas de la voluntad popular permaneció, con varias guerras perdidas, no se borró de la conciencia nacional. Son documentos que ilustran cómo Inglaterra se aprovechó de la circunstancia y cómo España perdió Gibraltar. En carta de Felipe V a Luis XIV, Zaragoza 10 junio 1711, se dice que sería vergonzoso y desagradable (fâcheux) dejar Gibraltar al inglés. No es un paso sin importancia. Solo lo aceptaría si no hay más remedio para conseguir la paz. Y en carta fechada en Madrid el 22 de abril de 1712, el Rey de Francia consuela al nieto diciendo que la cesión será temporal, que tiene una importancia relativa y debe aceptarla porque no es definitiva.

Todas estas circunstancias y otras sirven para explicar la opacidad del Tratado de Utrecht y las contradicciones que encierra el artículo X. Baste aquí decir que sobran pruebas para rebatir la acusación de que la Roja aprovechó la victoria para hacer política invocando una consigna franquista como la de Gibraltar es español. El mito franquista sigue vigente en Gibraltar y lo propala Inglaterra a su conveniencia. Aquí es distinto.

Jose Ramón Remacha. Embajador de España

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