El secreto de la confianza

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Roberto Cabezas

Publicado el 10/07/2024 a las 05:00

Todos los días somos testigos de revelaciones de hechos, acontecimientos, noticias e informaciones sorprendentes que afectan la fe pública y la confianza, ya muy dañada desde hace tiempo, y abren las puertas para que una peligrosa sospecha radical se desate: todos los líderes son corruptos, todo el mundo roba, todos mienten, etc. El deterioro absoluto del valor de la confianza, para que brote un riesgo vital que ponga a nuestra democracia en una situación de extrema vulnerabilidad.

Sostengo que la crisis profunda que vive España tiene que ver con una crisis ética, que siempre es la antesala de otras crisis como la crisis política, la crisis en el mundo profesional o empresarial, en el entorno familiar. Y no lo escribo desde el discurso resentido y simplista, sino, justamente, porque creo que los países necesitan buenos líderes para avanzar y crecer de verdad (y no sólo económicamente).

Algunos no lo ven como yo y me preguntan, ¿de qué crisis ética estás hablando?, ¡el país va como avión!. Pirómanos verbales que no se dan cuenta de que el avión está a punto de estrellarse, y que las consecuencias pueden ser devastadoras para todos, por supuesto para las empresas y la economía.

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Por la crisis de confianza los demonios atacan y destruyen el orden, no porque caigan del cielo, sino porque aprovechan la debilidad ética de sus adversarios, entran por esos flancos y arrasan con todo lo establecido y con todo lo importante. Así ha sido siempre en la historia. Pero, ¿cuáles han sido las virtudes descuidadas para que la confianza esté en extinción? La templanza, prudencia, justicia, probidad.

Pero eso no se aprende ni corrige en cursos teóricos de ética, se transmite por ósmosis en las familias, a través de la ejemplaridad, de la inspiración, en los colegios, en la calle, con coherencia entre el discurso y la acción, y una rectitud no solamente decorativa. Mientras una parte de nuestros líderes crea que la ética son solo bellas palabras o discursos moralizantes, España seguirá empantanada o, lo que es peor, en caída libre porque, entre otras cosas, la desconfianza sistemática ocupa el lugar de la confianza.

Que nadie tire la primera piedra desde una supuesta superioridad moral que ya no existe; más bien, con humildad y autocrítica, dejemos de mirar la paja en el ojo ajeno y veamos la viga en el propio. Partiendo por quien escribe estas líneas, evidentemente.

Aunque nuestra vida en sociedad, y particularmente en el mundo profesional, parece a veces una corriente frenética que tiende a volvernos individualistas, sabemos que solo somos del todo nosotros mismos en la relación, en la interdependencia: solo nos encontramos cuando estamos dispuestos a salir de nosotros mismos. Quienes descubren a fondo esta realidad dejan de ver en sus propios límites obstáculos que les impiden ser felices. La confianza llama a la confianza.

Cuando la confianza es mutua, esta transforma las relaciones impersonales y crea un entorno en el que todos se vuelcan plenamente en el propósito común. Y esto pasa en la familia, en la empresa, en la sociedad. “La mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiando en ellos”, dijo Hemingway, muy conocedor de estas tierras navarras. Y, ciertamente, a veces es necesario hacer ese acto de fe, solo que no a todo el mundo le resulta tan fácil.

La eficiencia se basa en la confianza. Los líderes (imperfectos, por supuesto) necesitan imperiosamente confiar y que confíen en ellos para desarrollar y fidelizar a los profesionales de sus equipos. Asumir riesgos que arrojen buenos resultados. No hay recetas. La confianza en nuestros colaboradores significa creer, es decir, es apostar que algo sucederá. Es una cuota de buena fe, de convicción, de esperanza, de ilusión, de expectativa. En palabras simples, es pasar el balón sabiendo que el otro lo va a gestionar bien.

Os comparto los ingredientes que creo debe tener el cóctel para generar entornos de confianza. Lo primero es consistencia, coherencia en nuestros actos. Lo segundo es actuar en la vida por principios éticos que garanticen un correcto, sincero y veraz desempeño. Resulta imprescindible lograr una buena y fluida comunicación, entendiendo que comunicar no es un viaje de ida, sino un viaje de ida y vuelta. Además, aprender a delegar porque el liderazgo no tiene que ver con una posición, sino con una disposición al servicio, porque liderar es un verbo que todos podemos conjugar. Trabajar la empatía, el interesarse por los demás y el mirar a nuestro entorno con una mirada apreciativa, desde la inspiración no desde la obligación. Finalmente, destaco la lealtad, como un valor imprescindible, sobre todo en esta compleja época donde reina la transitoriedad.

La confianza es una palabra que fortalece, que cura, que anima, es la palabra más puramente humana. Solo si hay confianza, cariño sincero y gratuito podremos explotar al máximo la grandeza que todos llevamos dentro.

Roberto Cabezas Ríos, Top 3 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra.

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