El trabajo de nuestros políticos

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Francisco Errasti

Publicado el 08/07/2024 a las 05:00

A mucha gente, incluida la que tiene una formación universitaria en otros ámbitos, le parece que la economía es poco menos que una ciencia esotérica, entendida por unos pocos privilegiados que poseen dotes de las que carecen la mayoría. Y, sin embargo, la vida de cada uno de nosotros se rige inexorablemente por temas económicos que nos afectan directamente: desde los alquileres de la vivienda, pasando por los precios de lo que consumimos, hasta las pensiones y los tipos de interés de nuestras hipotecas (el conocido Euribor), por mostrar los más visibles y cotidianos.

Hace unos días, un reconocido e inteligente catedrático de universidad me preguntaba cómo se puede compaginar que las cifras oficiales del crecimiento económico previsto para el año 2024 de nuestro país sea muy superior a la media europea y, al mismo tiempo, tengamos un paro casi el doble de la media de los países de la Unión Europea. Ciertamente parece una flagrante contradicción, y más todavía cuando la última declaración del presidente del Gobierno afirma que la economía española va como un cohete. ¡Que se lo pregunten a los 2,7 millones de personas que están en paro!

El hasta ahora presidente del Banco de España, Pablo Hernández Cos, ha alertado en su carta de despedida que nuestra economía “enfrenta retos estructurales que nos impiden alcanzar la renta per cápita de nuestros socios europeos”. En estas circunstancias resulta poco menos que imposible recortar la brecha actual de 15 puntos porcentuales en riqueza por habitante con respecto a la media comunitaria. Esta información es, cuando menos, alarmante.

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Hasta el año 2007 en el que estalló la crisis que tantas y tan negativas consecuencias tuvo, la diferencia entre la renta per cápita europea y la española era apenas de 1.300 €. En el año 2023 ese diferencial se ha multiplicado por cuatro, hasta los 5.800 €, según Eurostat. Estas cifras, que no dejan nada bien a la economía española, deberían ruborizarnos. Además, hay países europeos que hace todavía unos años tenían una renta per cápita inferior a la nuestra y nos están sobrepasando. ¿Qué nos está sucediendo? ¿Por qué la economía española no acaba de arrancar en serio para equipararnos a los países de nuestro entorno? Es cierto que la economía española crece más que la europea en estos últimos meses y, según el Banco de España, el crecimiento de la renta per cápita convergerá con la europea el año que viene; pero, en términos reales, la brecha se mantendrá. El diagnóstico señalado por el director general de Economía y Estadística apuntaba a la baja productividad y una tasa de empleo reducida.

Nuestro modelo económico se basa, en parte, en la contrastada fortaleza del turismo: los visitantes extranjeros siguen creciendo y generan unos ingresos anuales superiores a los 108.000 millones de euros. Es un modelo que se basa en mano de obra y bajos salarios, con escaso valor añadido, cuando una economía robusta, con perspectivas de crecimiento acelerado, ha de basarse en la tecnología y la innovación, fruto de una sólida estructura de investigación. Pero hay más. La reciente dimisión de Wayne Griffiths, presidente de la patronal del motor, por la inacción del gobierno en el coche eléctrico, es una muestra más que nos hace preguntar a qué se dedican nuestros políticos que, supuestamente, velan por los intereses de los ciudadanos. Se observa que el exceso de regulación nos tiene maniatados, se llegan a acuerdos con los sindicatos sin la comparecencia de los empresarios como si estos fueran un estorbo, el incremento del empleo global se debe en gran medida al empleo público, se oculta la cifra de los fijos discontinuos, etc. En definitiva, tenemos un gobierno muy poco serio con un nivel de trifulca interior de tal densidad que no les da tiempo a ocuparse de lo que preocupa a la población.

Durante muchos años, en el imaginario colectivo de nuestro país ha calado hasta los tuétanos la idea de obtener un título universitario. Era el objetivo de cualquiera que deseara progresar en la vida. Ahí está el resultado: decenas de miles de universitarios en el paro y en no pocos casos con una buena formación que el mercado laboral lo ningunea, mientras faltan carpinteros, fontaneros, electricistas, carretilleros, informáticos y una riada de profesionales que las empresas tratan de contratar sin éxito, sencillamente porque no los tenemos. El descuido de la formación profesional ha sido y sigue siendo algo endémico sin que se pongan seriamente los medios para remediarlo. Nos hemos dado cuenta tarde y las consecuencias son harto visibles. En mi propia casa, un arreglo de un cuarto de baño en el que debían intervenir un albañil y un fontanero, me enviaron a un rumano y un marroquí (este último, un joven de veintidós años, muy hábil y espabilado). Hay además otros datos que envuelven en una densa niebla el panorama de nuestra economía: la tasa en riesgo de pobreza o exclusión social se situó en el 26,5% de la población residente en España en el año 2023, superando la ya elevada cifra del año 2022. Si este porcentaje es cierto, y no hay motivos razonables para ponerlo en duda, es para estremecerse. Vuelvo a preguntar, ¿a qué se dedica el gobierno?

Francisco Errasti. Economista

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