"Convertirlo en pecado y amenazar de muerte a su autor es no haber entendido nada"

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Pedro Charro

Publicado el 27/05/2024 a las 05:00

Ni los fanáticos ni los puritanos tienen sentido del humor, porque si no estarían perdidos, ha venido a decir el escritor Salman Rushdie en su visita a Madrid, donde presentó su último libro 'Cuchillo' en el que cuenta el ataque que sufrió por parte de un hombre que le propinó más de 15 cuchilladas, a consecuencia de lo cual estuvo a punto de perder la vida, aunque lo que perdió fue un ojo, convirtiendo su cara, más si cabe, en un retrato cubista. 

Tras meses de hospitalización, Rushdie conserva íntegro su sentido del humor y se considera un escritor en la estela de Cervantes, ejemplo de humorista sabio y compasivo, y vuelve a demostrar que el humor no está reñido con la profundidad y las grandes causas sino que, al revés, las hace más potentes. “Puede que intentase matarme porque no sabía reír”, ha dicho Rushdie sobre su agresor, pues un fanático no admite ninguna broma, tiembla ante la amenaza de que su convicción sea puesta en duda. Es alguien que lee a pies juntillas. 

Sin embargo el humor es descreído y señala con un dedo a lo falso, a lo impostado, y por eso enfada tanto a los poderosos de todo tipo. 'Los Versos satánicos', el libro que le deparó la condena a muerte de Jomeini, no es una blasfemia, ni un ataque inadmisible, es literatura. 

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No hay odio ni intolerancia, sino la complejidad de la vida. Convertirlo en pecado y amenazar de muerte a su autor es no haber entendido nada. Pero quienes quieren matarle, como suele ocurrir, no han leído el libro. 

La lucha entre los que defienden y los que atacan esa obra, ha dicho Rushdie, es una pelea entre los que tiene sentido del humor y los que no, una pelea que él viene ganando, si entendemos por tal que siga vivo, aunque sea una vida casi clandestina y donde el día menos pensado te acuchillan. En el fondo Rushdie es un ejemplo de la dignidad del humor que ni calla ni se acobarda, y que le hace seguir adelante. Ese humor con el que desafiamos a las penalidades de la vida, a las que decimos con una sonrisa que no van a poder con nosotros.

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