Cartas de los lectores
El árbol frente a la obra


Publicado el 22/05/2024 a las 07:45
En el mundo arbóreo, como en nuestra propia sociedad, existen árboles de primera y de segunda. Arboles condenados a ser cortados o talados sin que nadie alce una voz en contra y árboles que cuentan con manifestaciones, plataformas y carteles para defenderlos.
Habrá árboles, ilusos ellos, que piensen que estas manifestaciones nacen por amor a ellos, pero visto que no defienden a todos los árboles por igual me da por pensar que surgen por las ganas u oportunidad de algún grupo político para oponerse a la obra que desea realizar el partido gobernante.
También habrá arboles ingenuos que piensen que su tala o su indulto dependen de la especie, de la edad que marcan sus anillos, de la sombra que dé su frondosa copa, de si son autóctonos o no, del lugar donde enraízan, del número de árboles a cortar… ¡Pero no! Solo depende de las ganas del político de turno. Y es que cuando un político o partido piensa que con una obra puede pasar a la pequeña historia de una población, da igual que para hacerla se tenga que talar un bosque o un roble centenario, la obra es lo primero. Luego ya vendrán los eximentes o los atenuantes.
La justificación sea el partido que sea el que vaya a hacer la obra no es original en absoluto y va desde que el pobre árbol estaba enfermo, de que una plaga estaba comiéndole las entrañas, de que apenas sombra daba, de que no era especie de interés o incluso de que era una especie invasora. De hecho hasta el verbo se cambia para hacer la limpieza arbórea más llevadera y ya no se tala o corta, sino que se apea, detalle que a ojos profanos podría parecer lo mismo pero que para los políticos no lo es, por ser un verbo mucho menos agresivo y menos violento.
Y de esta forma han caído árboles en todos los pueblos navarros: más de 130 chopos en Mendillorri, más de 100 han sido apeados en Beloso, varios en la Plaza del Vínculo e incluso ya se habla de la tala de los majestuosos árboles del Paseo Sarasate en Pamplona. Pero también en el Paseo del Prado, Paseo Pamplona, Azucarera o el polígono en Tudela, por poner unos ejemplos cercanos en el tiempo. Estas talas no dan buena imagen y a veces son difíciles de justificar y por eso los gobernantes tienden a hacerlo con nocturnidad y alevosía pensando en que si no los vemos caer y desaparecer ningún ciudadano se dará cuenta de su falta.
Habría que tener un criterio para que algunos árboles, como sucede con los vestigios arqueológicos, se respetasen. Que un árbol por su edad, por su porte, por su especie pudiera modificar o condicionar la obra que se va a realizar en su entorno y así se evite el hacer lo más fácil, talar el estorbo. Y, por otra parte, trasplantar si es posible árboles de menos porte a otro lugar. Puede que sea más costoso pero así no caeremos en la incongruencia de llenarnos la boca de grandilocuentes frases y eslóganes ecologistas y de respeto a la naturaleza y, sin embargo, cometer acciones de poco cuidado y respeto del entorno natural más cercano.