"Chupinazo fallido"

Publicado el 14/05/2024 a las 05:00
En el instante único de las doce del mediodía el 6 de julio en la plaza del Ayuntamiento las manos se le paralizaron. Media vida esperando y cuando por fin llega tiembla como un flan. Los balcones repletos, las cámaras, la plaza reclamando “San Fermín, San Fermín” y él, protagonista del primer chupinazo de la historia por sorteo, atacado por un entumecimiento que le bloquea. “Venga, hombre, dale”, le anima nervioso un concejal que tiene a su espalda.
“Prende la mecha jodido”, le espeta otro alterado porque pasa un minuto de las doce y los reporteros que transmiten en directo el chupinazo están relatando una anomalía sin precedentes. El alcalde, inquieto, ayuda al cohetero, le pone la mecha entre los dedos índice y pulgar, le jalea a que prenda la mecha pero el protagonista sigue helado como un cubito.
Sufre una suerte de rigidez muscular por efecto probable de la excitación vivida los días previos. Eso es lo que declara un médico a una cámara de televisión. Ahora mismo los segundos son largos y el cerebro del protagonista es una ensalada de sensaciones. Recuerda con cuánta emoción recibió la noticia de que este año el chupinazo sería por sorteo.
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El alcalde había decidido abrir a toda la ciudad la posibilidad de lanzar el cohete, habilitar un plazo en el que quien aspirase a hacerlo se apuntara en una lista y entre los inscritos una mano inocente elegiría un nombre.
Por fin asumían que para quemar una mecha no hace falta título, historial académico brillante o ganar una liga. Para semejante misión es suficiente con tener pasión por la fiesta. Salió su nombre y lo celebró por adelantado.
La escalera del 6 de junio fue con amigos, familia y hasta ex compañeros del instituto. Lo que menos esperaba era este inconveniente de última hora. Continúa estático. Un temblor frío le recorre de los pies a la cabeza. Escucha que la plaza ya no corea ‘san fermín san fermín’, sino ‘que lo lance, que lo lance, que lo lance ya’…
Nota que una mano le arrebata la mecha, da fuego al cohete que asciende al cielo entre el alivio colectivo. Entonces él, envuelto en sudor, se despierta sobresaltado, bañado en sudor y grita: “¡Viva San Fermín! Gora San Fermin!”. Mira el móvil. Y lo ve claro. Solo es 14 de mayo y el chupinazo no se adjudica por sorteo.