"Los perros convierten las cosas simples en éxitos grandes que los hacen felices"

thumb

Jose Murugarren

Publicado el 07/05/2024 a las 05:00

Unas obras bloquean el paso por la acera. Las baldosas están levantadas y los peatones se ven obligados a bajar a la calzada y cubrir unos metros por un sendero que los operarios han habilitado. Es media mañana y la calle fluye de ambiente. Vehículos de carga y descarga, estudiantes del instituto y colegios aledaños, vecinos que se desplazan a las tiendas y al mercado. Unos van rápido. Otros, despacito. Al ritmo que marca sus circunstancias lo hace una mujer que camina con un perro dorado amarrado a una correa, un ‘golden retriever’ de pelaje brillante. Me llama la atención. Ella, es ciega, le habla con cariño. Escucho sus indicaciones. “Vamos”, le dice, “hemos terminado los recados. Ahora a casa”, y el perro lazarillo se conduce diligente por un camino que parece muchas veces recorrido. Un paso en falso y ella podría sufrir un accidente. Al llegar a la zona en obras, el perro cambia el rumbo hacia el paso habilitado. La dueña intuye que ha bajado la acera y le dice “por ahí no” como si fuera el perro el equivocado y tira suavemente de él para que corrija. El can que sabe lo que hace se echa en el suelo negándose a poner en riesgo a su dueña. La mujer, por fin, parece entender. El chucho reanuda la marcha. “Tienes razón…”, reconoce y reacciona. Al superar el tramo se agacha, acaricia su lomo con afecto y dice: “eres el mejor”, y al ‘golden retriever’ las emociones se le agitan. Mueve el rabo ufano. Conmueve la confianza que la mujer deposita en él y la alegría del can. Los perros convierten las cosas simples en éxitos grandes que los hacen felices. Mira a su dueña como si fuera una madre fascinante, con la pasión con la que un niño de tres años miraría a la suya. Los perros te hacen percibirte como un ser maravilloso. Pendiente de los movimientos y de las indicaciones de su dueña invidente la observa con humanidad perruna. Solo le falta hablar, me digo. Y entonces lo imagino en el portal de casa saludando con un “guau” risueño que quiere decir ‘buenos días’, incluso a ese vecino que no devuelve el saludo. Fabulo que el perro no lo toma en cuenta y piensa: “mañana lo sorprendo con un nuevo ladrido”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora