Cartas de los lectores

‘BolsaBook’ y las vicisitudes del libro

Varios libros permanecen en el expositor de una librería
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Varios libros permanecen en el expositor de una librería
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Eladio Pascual Foronda

Publicado el 04/05/2024 a las 05:00

Estos días ha cerrado en Iruña/Pamplona BolsaBooks, una librería especializada en la venta de libros universitarios usados. Este establecimiento, conocido por su modelo de negocio en el que los propietarios de libros compartían las ganancias de las ventas, ha cerrado sus puertas después de 11 años. El cierre de BolsaBooks no es un evento aislado, sino el resultado de un cambio significativo en los hábitos de consumo de los estudiantes universitarios, quienes se han desplazado progresivamente hacia recursos digitales, en detrimento de los libros físicos.

La transición hacia lo digital, impulsada por la accesibilidad y comodidad de los recursos en línea, así como por la alta carga financiera que representan los libros de texto físicos, ha llevado a los estudiantes a optar por formatos más económicos y actualizados. Además, las prácticas docentes han evolucionado, y se recomiendan cada vez más recursos disponibles en línea, en lugar de los manuales tradicionales, sin olvidar el hecho de que todo lo digital cuenta con un estatus prominente en la cultura contemporánea. Este cambio en los patrones de consumo y la preferencia creciente por lo digital reflejan una transformación más amplia que está reconfigurando el panorama editorial, y que ahora está afectando a los manuales universitarios, pero que en su día supuso el barrido de los anaqueles de obras de referencia como enciclopedias, diccionarios y atlas, y que ahora se consultan en línea.

Lamentamos el cierre de BolsaBooks, un recurso valioso para muchos en nuestra comunidad, y constatamos también que su clausura es indicativa de cambios más profundos en las preferencias y comportamientos de los consumidores de contenidos. La digitalización no solo cambia lo que consumimos en términos de contenido, sino que redefine cómo buscamos, accedemos y utilizamos estos contenidos, y abre nuevas oportunidades para el aprendizaje y la comunicación. Pero la digitalización también enfrenta desafíos y riesgos significativos, como la sobregeneración de información o la ampliación de la brecha digital, además de los cambios en nuestra capacidad de concentración y en los hábitos de lectura, que pueden afectar profundamente nuestra capacidad de procesar información.

De cualquier modo y sea como fuere, la transición está servida.

Eladio Pascual Foronda, editor

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