¡Qué bien, ya se van los ricos!

Publicado el 02/05/2024 a las 05:00
Lo vamos consiguiendo. Al principio fue poco a poco, ahora parece que el proceso se acelera. Según datos de la Hacienda Foral Navarra, esta institución vio el año pasado cómo desaparecían 56 contribuyentes con bases imponibles superiores a los 3,03 millones de euros. De 502 a 446. Una caída del 11% en un año.
Cuando se legisla desde la envidia y el resentimiento ante el que ha creado un patrimonio o lo ha heredado, al final se produce un éxodo de contribuyentes. Los territorios compiten entre sí para atraer a tan jugosos ciudadanos, y estos votan con los pies. No se quejan ni montan un follón. Simplemente, se van.
Estos procesos tardan en desarrollarse dado que no es fácil tomar la decisión de trasladarse, pero cuando se pone en marcha supone una inercia compleja de frenar. Aquellos de «predicáis el apocalipsis pero no pasa nada por subir los impuestos» deben saber que esto no sucede de un día para otro, sin embargo, comprobamos por las cifras que la marcha ya ha comenzado, es altamente compleja de parar y además genera un efecto de contagio.
Si a ello le añadimos que nuestros tipos de Impuesto de la Renta son, en casi todos los tramos, los más altos de España (el más alto el 52%!), esta barbaridad tiene consecuencias. A estos niveles es prácticamente imposible atraer talento de fuera, también mantenerlo y el que pueda se irá. Para los que les abran la puerta a este tipo de contribuyentes, cabe recordar que la fiesta del «estado del bienestar» en gran parte la pagan esos contribuyentes. Lo que paga el 9% de los contribuyentes, los que pagan tipos más altos, supone el 48% de los ingresos del IRPF. Para estos es más difícil irse, pero también lo harán y otros al verlo no vendrán.
Por si acaso, también disponemos del tipo más alto en Impuesto de Sociedades, el 28%, no vaya a ser que alguien se nos escape por ahí. Y, por último, también hemos descubierto que se puede gravar hasta en un 30% las herencias, cuando éramos una Comunidad modélica en este aspecto que basó gran parte de su desarrollo industrial en bajo esta circunstancia. Las herencias son patrimonios que ya han tributado dos o tres veces, pero qué más da. Son «ricos, les sobra y ganan suficiente, ya me gustaría a mí».
El “bueno, son ricos, que paguen y se fastidien” ha calado en la sociedad porque los mensajes populistas crecen en sociedades en los que la envidia es fácil de estimular. Hemos conseguido que «ser rico» sea prácticamente asimilable al delito y que el mensaje de «si tienes mucho es porque me lo has quitado» habite en el subconsciente de muchos. Cuándo se trata de un empresario que ha acumulado patrimonio, lo consideran culpable: «Encima el tío montó el negocio para ganar más». En vez de pensar que creó empleo y arriesgó su dinero cuando muchos lo pierden, pero ¡quería ganar más dinero y encima le ha ido medio bien! En el caso de haber heredado el patrimonio, más culpable todavía porque él no ha hecho nada para merecerlo. Entonces debe pagar también impuesto de sucesiones.
Pero, algunos dirán, ¿cuál es el problema si la recaudación de la Hacienda Foral está subiendo? Sí, pero en el corto plazo. Se eleva debido a un porcentaje importante de contribuyentes que sigue «atrapado» en Navarra y que, no lo duden, de continuar los altos tipos impositivos buscará alternativas cuando pueda. Esto va de largo plazo, y sucederá cómo atestiguan los números que les mostraba al principio.
«Bueno, pero si no van a pagar impuesto de Patrimonio, ¿qué más nos da que se vayan?” Afirmar esto es tener luces muy, muy cortas. Un contribuyente de este tipo, aparte del impuesto de patrimonio aporta enorme riqueza a la comunidad: consume, invierte, gasta, dinamiza la economía y no consume recursos públicos. En efecto, suele tener sanidad y educación privada, otro grave delito.
Mientras tanto, Madrid o Andalucía por ejemplo, están siendo el polo de atracción de todos estos patrimonios. Sociedades abiertas, receptivas, que intentan atraer a estos contribuyentes para convertirse en un destino de inversión con, entre otras cosas, bajos impuestos. Vamos, lo que era Navarra no hace tanto tiempo. Ahora, muchos piensan que «mejor que no venga nadie y menos de Madrid». Esto nos empobrece económica y socialmente. Necesitamos gente de otros sitios, mezclarnos, captar y retener talento, y contrastar ideas. Todo menos aislarnos.
Sin embargo, a la vez que apostamos por «expulsar» a los contribuyentes de alto poder adquisitivo, tenemos a 42.000 personas cobrando la Renta Garantizada (aunque las empresas no encuentran trabajadores), y 30.000 funcionarios, un 30% más que hace 10 años. Estamos igualando la sociedad por abajo y a martillazos, construyendo tacita a tacita nuestra propia y gris RDA, República Democrática Alemana, que tan bien funcionó. Y lo que es peor, el mensaje ha calado en la sociedad. ¡Que se vayan los ricos!
Alvaro Bañón Irujo. Economista y Profesor en la Universidad de Navarra