Apunte

Vulgarizando la democracia

En su entrega al líder Pedro Sánchez, el hombre que ha priorizado su enésimo golpe de efecto a la obligación de propiciar estabilidad a España que como presidente se le presupone, los socialistas han apostado por un juego peligroso

Pedro Sánchez, en un acto electoral reciente en Bilbao
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Pedro Sánchez, en un acto electoral reciente en Bilbao
Pedro Sánchez, en un acto electoral reciente en Bilbao

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Marcos Sánchez

Publicado el 26/04/2024 a las 05:00

En su entrega al líder Pedro Sánchez, el hombre que ha priorizado su enésimo golpe de efecto a la obligación de propiciar estabilidad a España que como presidente se le presupone, los socialistas han apostado por un juego peligroso: vulgarizar la democracia a base de pronunciarla tan barata. La denuncia judicial contra la mujer de Sánchez y la admisión a trámite de la misma “pone en riesgo claramente a la democracia”, según la presidenta foral y líder del PSN, María Chivite, clavadora del piolet en la cima de la hipérbole. “El Estado soy yo”, proclamó Luis XIV; “el PSOE en Navarra soy yo”, afirmó Roberto Jiménez; y la democracia, con lo que le costó a este país alcanzarla, han acabado por ser únicamente Pedro Sánchez y sus entornos. Un reduccionismo frívolo que va camino de convertir en enemigo incluso a quien disienta. O incluso a quien informa de lo que no gusta o como no gusta a los guardianes del orden obligatorio.    

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