"La política exterior de Sánchez"

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Manuel Pulido

Publicado el 20/04/2024 a las 05:00

La política exterior está hoy en el centro de la atención informativa. Pero como ocurre casi siempre, no hay opiniones coincidentes. Algunos defienden la proyección exterior del presidente del Gobierno. Otros consideran que Pedro Sánchez busca una salida a su actual posición de deterioro político en España, y, por dicha razón, ha sobreactuado forzando la política española no solo en Marruecos respecto al Sáhara, sino también con el reconocimiento del estado palestino, tema histórico y nada novedoso para la comunidad Internacional.

Es sabido que la personalidad de cada presidente del Gobierno marca el rumbo de la política exterior de nuestro país. Así, tanto Felipe González como Aznar, sin olvidar a Calvo Sotelo, manifestaron su interés y llegaron a ser actores en dicho ámbito. Otros presidentes no tuvieron la misma pulsión exterior. Así, es conocida la posición de Mariano Rajoy cuando afirmó que él se ocupaba de los problemas de Soria, que no de los de Siria (frase para los historiadores).

Rodríguez Zapatero pretendió ser innovador en la materia e intentó con su Alianza de civilizaciones, que tanto dinero despilfarró en viajes vanos, buscar su hueco exterior, que solo consiguió, cosas de la vida, siendo posteriormente y en la actualidad el consejero aúlico del dictador venezolano Maduro.

La Política exterior de España ha girado, tradicionalmente, en torno a tres ejes: Europa, Iberoamerica y las buenas relaciones con el Magreb (mundo árabe). Aznar, con su interés por el vinculo Atlántico con Estados U nidos (foto de las Azores), desequilibró la política exterior, que González había configurado, de la mano de su Ministro de Exteriores, Paco Fernández Ordoñez, como una política de estado, tras el fiasco de la etapa de Fernando Morán, cuando el PSOE defendía: OTAN de entrada no.

Sánchez ha querido marcar perfil propio y se mueve con soltura en el ámbito de la Unión Europea, y España, sin haber recuperado el prestigio de los llamados prusianos del sur, ha mejorado las etapas de Rajoy y sobre todo la de Zapatero.

De este último conviene recordar que dejó sola ante el peligro a su ministra de Economía Elena Salgado en la noche de los cuchillos largos (Consejo europeo), que motivó más tarde la casi intervención de la UE como con Grecia e Irlanda. La actuación del Gobierno de Rajoy, con el apoyo inequívoco del entonces presidente del Banco Central europeo, Mario Draghi, logró evitar la intervención de España en el marco de la crisis del euro.

Fuera del ámbito europeo, la política de Sánchez no constituye un activo en su gestión exterior. El reconocimiento de la anexión del Sáhara, alinéandose con la tesis de Marruecos, consecuencia de un episodio todavía no resuelto (escuchas del Caso Pegasus), ha tenido como resultado el deterioro de las relaciones diplomáticas con Argelia, socio económico en materia del suministro del gas y otras materias primas.

La reciente posición de Sánchez tratando de liderar el reconocimiento europeo del estado palestino no es nada nuevo, puesto que históricamente la Asamblea General de las Naciones Unida votó en 1948 a favor de la partición de Palestina en estados árabes y judíos independientes,cuando se creó el Estado de Israel. Es un tema complejo internacionalmente que no requiere de soluciones populistas u oportunistas.

La posición unilateral de Sánchez rompiendo una vez más el consenso en política exterior, es decir adoptando una actitud personal y demandando luego la adhesión de las demás fuerzas políticas, es un mal ejemplo de ejercicio del liderazgo en la definición de la política exterior, que puede además volverse como un bumerán a la vista del episodio del ataque de Irán a Israel.

Sánchez desconoce, además, en la practica la doctrina Estrada, y sólo visita aquellos países como Brasil (Lula) y el Chile de Boric, donde gobierna la izquierda, sin atender a los intereses nacionales, como se ha visto en uno de sus últimos viajes por el continente sudamericano, salvo que le interese rendir pleitesía a algún monarca petrolero, como al príncipe heredero del Reino de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán.

Habrá que ver, por tanto, si el prestidigitador Sánchez se saca de la chistera algún acuerdo bilateral con China o India, tan interesantes comercialmente, pero ajenas a nuestro interés diplomático. Pero de momento, le esperan las europeas para revalidar su política personalista en el marco de la UE. Esperar y ver.

Manuel Pulido. Abogado. Doctor en Derecho

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