"Miradas al Covid-19"

thumb

RAfael Sánchez-OStiz

Publicado el 26/03/2024 a las 05:00

Miradas da nombre a una exposición itinerante por diferentes Comunidades Autónomas españolas, cuyo objetivo es poner en valor a las personas mayores durante el periodo Covid, especialmente las personas mayores ingresadas en las residencias. La exposición, promovida por la fundación IDEA, consta de paneles explicativos, un trabajo de posado fotográfico de una serie de personas mayores ingresadas en residencias, un libro de testimonios y la exposición de una muestra de mascarillas realizadas por artesanos de diferentes países en distintos materiales. Hay que reconocer que la exposición no deja indiferente a nadie. ¿Por qué no nos deja indiferentes? Por su planteamiento de empatía, de ponernos en el lugar del otro, en este caso en las persona mayores que posan con una serie de mascarillas imposibles y parece que nos interpelan desde su vulnerabilidad y fragilidad con preguntas de difícil respuesta.

En estos cuatro años desde que se diagnosticó el primer caso de Covid-19 y coincidiendo con el circo mediático que se ha montado recientemente a cuenta de las mascarillas, me trae a la memoria la experiencia vital de los que estuvimos en primera línea de la pandemia. Realizo estas reflexiones con la esperanza de que algo hayamos aprendido. Algunas cosas se pudieron hacer mejor:

-No se supo ver la gravedad de la pandemia: nos pensamos que éramos inmunes a lo que se nos anunciaba desde China o Italia.

-Ausencia de medidas de protección por falta de planificación y gestión ineficiente de las compras. Fue sangrante la escasez de medidas de protección que recibimos las residencias.

-Hubo mensajes contradictorios en materia de prevención. Por ejemplo, sobre la conveniencia del uso de mascarillas.

-Escasez de pruebas diagnósticas (PCR). Sin datos es imposible gestionar una crisis sanitaria como la vivida y poder aislar de forma ágil a las personas enfermas de las sanas.

-Dificultades de derivación hospitalaria en la primera ola de las personas mayores ingresadas en residencias.

-Directrices erróneas en la gestión de personas, (Absentismo, bajas injustificadas) junto con una dramática carencia de profesionales.

-Vulneración de derechos de las personas mayores ingresadas en centros residenciales. Aislamiento desproporcionado. ¿La Atención sanitaria estuvo asegurada?

-Secuelas en la esfera psíquica, física y emocional de residentes, familias y profesionales.

-Sensación de sector invisible, en el que las decisiones se tomaban desde salud pública sin un conocimiento de la realidad de este tipo de centros.

-Y, por último, una injusta criminalización de las residencias como lugares de muerte por parte de responsables políticos que se contagió a medios de comunicación y a la sociedad en su conjunto.

Evidentemente, la crisis sanitaria vivida también sacó lo mejor de muchas personas, empresas e instituciones, sería injusto obviarlo. Entre ello debemos resaltar:

-La lección de resilencia que nos dieron las personas mayores y sus familias.

-Las múltiples muestras de compromiso y dedicación de los profesionales implicados en el cuidado de tantas personas ingresadas.

-Incontables muestras de solidaridad, afecto y apoyo de voluntarios, empresas, instituciones, etc..., muchos de ellos anónimos, pero que contribuyeron a mantener el ánimo en lo peor de la pandemia.

-Hubo una comunicación permanente con el Departamento de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra.

-La puesta en marcha de centros de atención intermedia donde poder aislar a las personas contagiadas y así cortar la propagación del virus.

-A partir de la segunda ola se comenzaron a realizar pruebas diagnósticas periódicas a residentes y trabajadores que permitió a los centros gestionar la pandemia.

-La implementación de planes de contingencia en los centros residenciales que frenaron los contagios.

-Inicio de una incipiente coordinación socio sanitaria entre departamentos y entidades prestadoras de servicios.

-Todas las entidades mejoramos la comunicación interna y externa con familias y trabajadores. Se hizo habitual el uso de nuevas formas de comunicarse.

-Fue esencial y efectiva la colaboración público–privada.

-Se realizaron estudios en los que se demostró que la incidencia de la enfermedad no dependía del tamaño de centro, titularidad (público o privado) o ubicación (rural o urbano). Sí dependía de la estructura de espacios y de su organización.

Por último, quiero creer que esta experiencia singular ha supuesto el impulso de un cambio de paradigma en la atención a las personas mayores.

No podemos olvidarnos de lo vivido, con la inteligencia de aprender de los errores, y poder afrontar una serie de retos como la defensa de los derechos de las personas mayores que viven en residencias, la atención sanitaria de la cronicidad a través de la prevención o las nuevas tecnologías, una coordinación socio sanitaria real que ponga a las personas en el centro. Dotar de una financiación adecuada al sistema de dependencia con el objetivo de acercarnos a 2% del PIB como media de nuestro entorno (en la actualidad el presupuesto a este sector no llega al 1% del PIB), resolver la carencia crónica de profesionales y lograr el reconocimiento social de la cultura del cuidado, aunque solo sea porque en algún momento todos necesitaremos de ser cuidados.

Es labor de todos y sería necesario un gran pacto nacional o autonómico de los cuidados.

Dr. Rafael Sánchez-Ostiz. Geriatra. CEO IDEA

Etiquetas:

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora