"También los concursos de carteles de fiestas, ese simpático rito primaveral lugareño, sufren los efectos del revolcón tecnológico"

Publicado el 16/03/2024 a las 05:00
También los concursos de carteles de fiestas, ese simpático rito primaveral lugareño, sufren los efectos del revolcón tecnológico que está sacudiendo los cimientos de la civilización. Por aquí dos ayuntamientos, el de Tudela y el de Pamplona, han convocado sus respectivos premios incluyendo entre las bases sendas referencias a la Inteligencia Artificial. Mientras en la capital ribera su uso queda rigurosamente prohibido, en Pamplona se permite a condición de que el autor lo declare como se declaran en la aduana los bienes de procedencia exótica. Tradición e innovación, por así decirlo. Defensa de la creación artística genuina frente a tolerancia cautelosa respecto a la introducción de medios y herramientas avanzadas. Dos posturas divergentes que sin embargo reflejan un mismo estupor. Se sabe que la Inteligencia Artificial es una cosa mágica que anda por ahí, que nos va a cambiar la vida a todos y no siempre para mejor, que en el ámbito de las letras y las artes ha hecho saltar por los aires conceptos como autoría, originalidad, talento creativo y propiedad intelectual, pero nadie tiene la menor idea de cómo hincarle el diente a la hora de ponerle límites. El Parlamento europeo acaba de aprobar la primera ley sobre la materia, y nuestros ayuntamientos ya se habían anticipado, conscientes tal vez de que lo que no alcanzan a hacer los Estados ni las grandes corporaciones lo harán las ordenanzas municipales. Podrían haberlo tramitado en ambos casos con un poco más de esmero en la redacción de las bases, dicho sea de paso. Seguro que ni a san Fermín ni a santa Ana les habría molestado que los redactores las pasaran a revisión de ChatGPT antes de hacerlas públicas. A fin de cuentas son tantos los prodigios obrados por el chatbot que ya es como uno más del santoral, en versión robotizada. Pero quizá no se puede estar a la vez en el algoritmo, los chupinazos y la gramática. Lo que importa ahora es reconocer que alcaldes y concejales saben responder a los desafíos de nuestra época y velan por la honestidad del arte sin trampas, aunque sea librando una batalla perdida. Pero del sinsentido de los concursos artísticos y literarios a partir de la irrupción de la inteligencia artificial hablamos en otro momento, si les parece.