Denominar "sin techo" a estas personas parece que pone distancia. Para qué descubrir que bajo los cartones se protegen del frío vidas de dramática humanidad

Publicado el 12/03/2024 a las 05:00
Nadie llama pobres a los vulnerables. Está fuera de uso. Mejor “sin techo”,“sin hogar”…, que son formas de convertir el drama en problema técnico, menos desgraciado, más pegado a los informes de Urbanismo o el departamento de Vivienda que a la carnal humanidad. Denominar “sin techo” a estas personas parece que pone distancia. Para qué descubrir que bajo los cartones se protegen del frío vidas de dramática humanidad. Hay palabras que caen en desgracia. Mejor decir desprotegidos pese a que vistan ropas sucias y rezumen olor a vino de contenedor. Nadie dice pobre aunque pase por delante de los bancos que ocupan. Aunque lo haga rápido y temblando temiendo el contagio de la proximidad. Nadie dice pobre a quienes acreditan serlo pese a la precisión del diccionario que los define como personas que no tienen lo necesario para vivir. Como si al suprimir la palabra quienes se cobijan bajo la expresión desaparecieran, como si los planes de “sinhogarismo” que debate el ayuntamiento sirvieran para acabar con el vocablo. Los bancos durante el día son de la gente. De los mayores, de los adultos, de los niños, de los paseantes, de los “con hogar”, gente “con techo”... Por la noche se convierten al “sintechismo”, una expresión genérica de dormir a cielo abierto… A esa hora del atardecer con el sol metido hay bancos ocupados con personas tendidas. Gente asustada entre periódicos con artículos que informan de desgracias distantes para quien sufre la inmediatez de su intemperie. Duermen, y si camino cerca los observo fugazmente. Y si lo haces tú los miras también de soslayo y aceleras al tiempo que unos y otros aceptamos que son parte del paisaje de esta compleja modernidad. Hay un relevo entre los ocupantes del día y los de la noche, pero da la impresión de que algo no funciona. De que los inquilinos de los bancos por la noche están creciendo, de que las administraciones no ofrecen respuesta suficiente. Ellos en los bancos cierran los ojos, entre restos de latas y bocadillos y sueñan con abrirlos en una cama. El ayuntamiento los llama “sinhogar”, muy técnico y elabora planes integrales que ya veremos. Y para mitigar la pena en los bancos, los vulnerables se dan la vuelta y ponen las penas de costado.