"El liderazgo no consiste en mandar, sino en cuidar"

"Todos los grandes, los más creativos, los más innovadores, si en algo han ganado al resto de los mortales es en que se han equivocado más"

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Roberto Cabezas

Publicado el 03/03/2024 a las 05:00

La gestión empresarial moderna, y particularmente el liderazgo, no es un conjunto de herramientas y técnicas. Desde mi punto de vista es un paradigma, y su esencia está en ejercerlo desde quienes somos, no desde imposturas falsas y desde aspiraciones irrealizables. Un liderazgo real, maravillosamente imperfecto, pero aspiracionalmente ejemplar y absolutamente escorado al servicio.

Y digo esto basado en mi experiencia periodística. Una de ellas, en Río de Janeiro, Brasil, un destino paradisiaco que alberga maravillas como Pan de Azúcar o Copacabana. También es uno de los lugares más peligrosos del mundo, donde el veinte por ciento de sus casi siete millones de habitantes vive en las favelas. Un laberinto de callejones sin nombre donde la droga y la prostitución se emboscan en cada esquina. Viví en una ellas durante tres meses para realizar un reportaje de televisión, y tuve que desplegar el liderazgo de un equipo infiltrado en uno de los lugares más peligrosos del mundo. Los proyectos, pequeños, medianos o grandes, los logran los equipos de trabajo. Siento que hay una cierta inclinación a valorar los éxitos individuales o llamarlos así cuando efectivamente no lo son. Los equipos son los que finalmente hacen los logros y eso es muy importante, por eso el liderazgo es una acción de servicio, finalmente.

Las soluciones de ayer ya no son útiles y debemos imaginar nuevas formas de liderazgo. Hay que lograr un perfil de liderazgo que se atreva a compartir y colaborar, a ser ágil, confiado y confiable, convenientemente débil y capaz de amalgamar y cohesionar a través sobre todo del cariño y de la profunda valoración personal y profesional.

El liderazgo de esta nueva generación de directivos que ya está comenzando a hacer metástasis en las compañías, deberá hacer frente a un ambiente revuelto y con más interrogantes que respuestas aprendidas. Porque los que deben reinar en las organizaciones deben ser las personas. Y estas personas estarán entusiasmadas, ilusionadas y comprometidas trabajando si también el líder arde de pasión por el propósito de la compañía. Un entusiasmo desatado por y con sus compañeros de viaje. Sólo así el líder encenderá conciencias y despertará pasiones y descubrirá las mejores versiones de sus profesionales.

Ese líder sabe que el éxito está en los detalles, en el detalle con las personas que es lo que marca la diferencia. La ironía es que este camino de dirección requiere más trabajo, más tiempo y más amor. Estos son los líderes imprescindibles, subversivos y (r)evolucionarios. Una especie protegida que está en vías de extinción. Porque para proyectos pequeños sobra gente. Para cambiar positivamente vidas, cambiar modelos, transformar la industria o incluso el curso de la historia hay menos candidatos.

El líder sabe que el equipo de trabajo es más que la suma de su gente. Es el ambiente de trabajo y la suma de y una serie de variables para crear un aura especial, una atmósfera que ilumine, anime y contagie. Y es en este escenario donde el líder imperfecto hace brotar el genio creativo que todos llevamos dentro y lo ecualiza en pos del objetivo compartido. Tiene esa capacidad para descubrir dimensiones profundas de los profesionales que le acompañan dedicándoles tiempo y escuchando sus inquietudes, sintiendo el latido de la organización. Cuando los empleados sienten que se les escucha, se allana el camino hacia su compromiso emocional. Estas son realidades que al común de los mortales se nos escapan. Esos tesoros ocultos que todas las personas tenemos como la autenticidad, la integridad, la coherencia, la empatía, la compasión, la asertividad, la valentía, la humildad, la generosidad o la perseverancia. Cuando los líderes son capaces de dejar al lado la desmesura del yo, y la consecuente ingobernabilidad del ego, pueden unir mentes y corazones en una coreografía por el propósito común. Esto va más de practicar que de predicar. Es de esta manera como se puede llegar a crear un movimiento que ayude a resolver muchos de nuestros problemas, ya que un equipo cohesionado, comprometido, emocionado y convencido del proyecto no hay quien lo pare.

¡Viva el liderazgo imperfecto! ¡Viva el error! Si un error lo interpretamos en clave de fracaso, lo vamos a colectivizar o vamos a buscar un chivo expiatorio. Si el error lo vemos como una forma más de caminar es otra historia. Todos los grandes, los más creativos, los más innovadores, si en algo han ganado al resto de los mortales es en que se han equivocado más. Ahora, se equivocan rápido, sacan la pata en lugar de tapar. Hay que revisar nuestra relación con el error, la gente perfeccionista sufre. Esto es comprender las coordenadas en las que se mueve este nuevo mundo y la convergencia de voluntades y esfuerzos de los líderes del corazón.

Roberto Cabezas Ríos. Top 3 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra

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