Ciego y en Gaza

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JOSÉ MARÍA REMACHA

Publicado el 16/02/2024 a las 05:00

Aldous Huxley en su 'Ciego y en Gaza' - Eyeless in Gaza- no se refería a la actual tragedia de Israel sino a la historia bíblica de Sansón, el forzudo israelita capturado por los Filisteos, que perdió los ojos y fue llevado a Gaza como esclavo. Tardó en recuperar su fuerza y en darse cuenta de lo que pasaba. Hasta que le creció el pelo. Una historia que podemos leer en la Biblia (Jueces 16), pero que tiene actualidad.

La situación en la Franja de Gaza es cuestión grave, cada día más porque lo que está ocurriendo es una violación del derecho humanitario. Además, el conflicto tiende a extenderse y puede derivar en un desastre a nivel internacional mucho mayor. La amenaza del arma nuclear se cierne sobre el Oriente Medio porque está al alcance de ambos bandos, los actores de fondo, que son Irán e Israel.

Desgraciadamente, al saltar la cuestión al ring de la política, hay púgiles del poder mediático que presentan la cuestión politizada, como lucha entre buenos y malos. Los medios de inclinación sanchista en nuestro país y los de la izquierda en general se inclinan por la causa palestina y el reconocimiento de dos Estados. Los contrarios, los que navegan con la oposición, afirman y defienden el derecho de Israel a su autodefensa, al ojo por ojo y diente por diente, resaltan las dificultades de una solución basada en el reconocimiento de dos Estados. Es cierto, porque la duración del conflicto desde 1948 hace difícil su aplicación, el tiempo juega en contra de la misma. Pero no hay que ocultar de dónde viene el enfrentamiento. Una sociedad que no puede mirarse en su pasado está ciega y es incapaz de afrontar su futuro. Así escribía Juan Manuel de Prada hace poco. El conflicto de Gaza es utilizado como arma política y la lucha mediática genera desinformación porque crea una barrera que impide ver el alcance de lo que está pasando. Como decía el clásico, la primera víctima en toda guerra es la verdad.

Israel es un Estado democrático de corte occidental y es un sujeto de responsabilidad internacional. Hamás no es un Estado, porque nadie le reconoce como tal, ni la Autoridad Palestina, ni Arabia Saudita, ni Qatar, ni su padrino que es Irán. Su responsabilidad penal es indudable. Pero no le es exigible la responsabilidad internacional. No es un Estado ni es democrático ni lo pretende. Se ha arrogado la representación de Palestina sin fundamento y tiene como desiderata la destrucción de Israel. Las elecciones del 2006 le dieron la victoria en la Franja de Gaza. Fueron unas elecciones muy discutibles y discutidas. Paradójicamente, Israel no discutió su legitimidad, no vio el alcance de la implantación del extremismo islamista en Gaza. No calificó a Hamas como grupo terrorista. No calculó el peligro para los derechos humanos y la paz. Es decir, como el ciego en Gaza no vio la que se venía encima.

Tras aquellas elecciones abandonó a la Autoridad Palestina, que era legítima representante del pueblo palestino, con sede en Ramala (Cisjordania) y que venía negociando por alcanzar la paz. Así me consta desde 1991 por los trabajos de la Conferencia Internacional para Oriente Medio celebrada en Madrid (CIOM) en cuya preparación tuve ocasión de trabajar. Aquel impulso siguió y llegó a los Acuerdos de Oslo en 1993 firmando una paz de conveniencia por ambos lados.

El impulso pacificador alcanzó apoyo internacional. Prueba de ello es que los firmantes, Isaac Rabin por Israel y Yaser Arafat por Palestina, recibieron el premio Nobel de la Paz en 1994 y seguidamente el Premio Príncipe de Asturias. Era un acuerdo de conveniencia, pero también sin duda de paz. Desgraciadamente, aquel resultado se perdió de manera trágica. Ambos líderes fueron eliminados. El primero asesinado por un extremista israelí en 1991, y el segundo en 2004 en París envenenado, posiblemente con Polonio. Así terminó aquel proceso de paz nacido en la CIOM. Ahora, lo quiere revivir la UE desde Bruselas a propuesta de Josep Borrell. Son buenas intenciones, pero el enconamiento del conflicto lo hace muy difícil.

La conclusión es que la guerra de hoy es consecuencia inmediata de la acción de Hamás, pero igualmente es consecuencia del trágico final de aquellos dos personajes que firmaron la paz entre Israel y Palestina.

José Ramón Remacha. Ex Cónsul General en Jerusalén

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