"Toros y chupito"

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Jose Murugarren

Publicado el 30/01/2024 a las 05:00

Con el cortado en la mano, Manolo defendía que el elemento diferenciador de los Sanfermines son los toros y que sin ellos nuestras fiestas serían otra cosa. “Encierro y corrida forman un binomio indisoluble”, resumía apurando el café. La mayoría de la cuadrilla compartía criterio. Por asentimiento, porque cuando Manolo habla se acompaña de razones y de amigos que le aplauden el argumento. Mikel discrepó. “Todo fluye, todo cambia”, sentenció citando a Heráclito. Él es ‘profe’ de filosofía y refuerza su razonamiento tirando de clásicos y de chupito. Sin el orujo de hierbas no se atreve. Pero después del primero se viene arriba. “La naturaleza de la vida es el cambio. También en San Fermín“, remató solemne. En la mesa lo miraron como si se hubiera soplado la botella, pero el choque entre los dos trenes nos puso serios y en guardia. “No lo comparto”, replicó Manolo. “Los Sanfermines son un cóctel de toros, actos religiosos y parranda. Esa es la fórmula del éxito. No hay que cambiar”, espetó mirando a los comensales como un torero brindando el toro al respetable. El público se mostró dividido. Sonrisas en un lado y silencio en el otro. El filósofo dio de un trago con el segundo orujo y temí que la colisión tuviera víctimas. Estas broncas distancian y hasta rompen cuadrillas. “Si algo ha habido en San Fermín ha sido evolución. ¿No os dáis cuenta? Todo fluye. No hay jinetes a caballo que corran el encierro como en el siglo XVII; el chupinazo se celebra desde 1941. Hubo un tiempo en que las peñas elegían madrinas, las mujeres tuvieron prohibido correr hasta 1974, los encierros txikis desaparecieron, el circo viene sin animales… Todo son modificaciones.”

-¿Pero por qué queréis quitarnos los toros?, dijo Manolo.

La pregunta quedó en el aire como un par de banderillas. La tensión se palpaba. “El futuro depende de si se llena o se vacía la plaza”, respondió Mikel. “Y de lo que diga Europa”, añadió Manolo. Hubo un instante de duda. Silencio. La madeja seguía enredada. Mikel llamó al camarero y gritó: “café y chupitos para todos”, y Manolo concluyó rotundo. “Esta la pago yo”. La sangre no iba a llegar al río.

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