El guardián del tiempo

Publicado el 17/01/2024 a las 05:00
Desde hace años nos venimos juntando con un grupo pequeño de amigos a tomar café y a charlar tranquilamente, el mismo día, a la misma hora, en la misma y consabida esquina. Nuestro café secreto, donde nos reunimos a conversar sin guion, sin pautas preconcebidas, ni límites, ni nada que interfiera con la maravillosa oportunidad de dar rienda suelta a nuestras cabezas pensantes y a nuestra verborrea generosa. Es nuestro mejor y más guardado secreto. Estas tertulias son momentos de reflexión más necesarios que nunca en estos tiempos precipitados, vacíos de sentido y digitalmente impersonales.
Porque, ¿qué es el tiempo? Una de las preguntas más apasionantes y difíciles de responder. Tiempo para acompañar, tiempo para escuchar, tiempo para callar y pensar, tiempo para aprender, tiempo para explorar soluciones innovadoras, tiempo para ejercitar la solidaridad directiva, tiempo para inspirar. Lo que sí sé es que hay un tiempo que suma y hay un tiempo que resta, el de rizar el rizo, el del perfeccionismo innecesario, el de las reglas estúpidas, el del papeleo inútil, el del cáncer del rumor o el de los líos que hacen metástasis y taladran un daño profundo.
¿Y quién tiene hoy tiempo? No tenemos ni tiempo para detenernos para entender que nosotros mismos somos el mismo tiempo que se nos va. En estos días vertiginosos, en que malgastamos la poca vida que nos fue dada en reuniones interminables, en kpi´s, en los power points, en plantillas excels, en informes, en datos estadísticos, en correr de asunto en asunto, de evento en evento como sombras, y en que hemos dejado de vivenciar la vida acompañada como el mayor acontecimiento de todos. Aquí no están las respuestas. ¿Cuántos de nosotros mismos no estamos secuestrados por nuestros propios afanes de éxitos, de aplausos, de destellos absurdos y egoístas? Lo que el mundo necesita hoy con extrema urgencia son profesionales más contemplativos, más sabios, más habitantes del instante, más guardianes del tiempo. En un mundo de prisas, es necesario buscar la práctica reflexiva.
Sin razonamiento compartido, debatido, macerado no hay visiones en el horizonte, sólo personalismos autistas, o díscolos que no trabajan para el grupo, sino para sí mismos. ¡Imposible! En las empresas no falta talento, faltan gigantes. ¿Es que ya no tenemos derecho a la grandeza? Muchos jóvenes con sensibilidad y anhelo de belleza perciben esto, incluso sin poder expresarlo verbalmente. Y su sensación de desamparo de referentes la calman en la amenazante anestesia que les proveen la tecnología vaga, la inmediatez y la insensatez digital. Dopados por el Instagram, el Tik-Tok, Facebook, el consumismo y la búsqueda desesperada de adrenalina.
Creo que hay que tener tiempo para la agilidad inteligente que es lo inverso de irreflexión precipitada. Hay que tejer espacios para la reflexión, para el debate, para la promoción de ideas, para un café conversado y mirarnos a los ojos. Esto es una invitación a vaciar nuestras agendas de reuniones y a llenarlas de sentido. Porque no somos nuestros Google Calendar, como siempre les sugiero a los directivos con los que trato. Y ojo, esto tampoco es una promoción a la mediocridad o a la dejadez profesional. Muy por el contrario, es una propuesta a gestionar mejor los tiempos y ecualizar un verbo a veces poco conjugado en el mundo de la dirección de equipos, el verbo delegar, quizá la faceta de liderazgo imperfecto que más cuesta. Porque delegar requiere de un mínimo de confianza, de humildad, de aprendizaje y sobre todo mucha tabla. Es un hábito muy reconfortante, muy pedagógico, además. Alimenta la iniciativa, multiplica la creatividad y potencia la autoestima profesional. Pero no delegar por delegar, sino encargar proyectos desafiantes e ilusionantes basados en la confianza, en el valor profesional y en el cariño. Sugiero gestionar nuestras agendas profesionales con menos reuniones y más sentido. Tengo muy claro que hay un tiempo que multiplica, uno que suma y uno que resta, ¿no os parece? No al estrés y al cortoplacismo. Lo urgente jamás se puede comer a lo importante. Porque nosotros mismos hemos bordado un sistema (egosistema) de reuniones, de juntas, de comités, de respuestas a millones de correos, muchos innecesarios, que hace muy complejo descargar las agendas para tener tiempo para pensar, para la reflexión, para el recogimiento directivo imprescindible para innovar, crear y servir a nuestros equipos y compañías. Liderar es servir y nada más. Pero para servir hace falta dedicación, atención y tiempo. Los líderes ausentes no inspiran.
Necesitamos empresas que respeten y valoren mucho más a los que piensan, innovan y resuelven, y que ignoren mucho más a los mediocres que solamente saben desmotivar, bloquear y destruir. Debemos asumir que el único tiempo verbal en el que tenemos que vivir es en el presente. La reunionitis crónica es una patología peligrosa. La salud de una empresa es inversamente proporcional al número de reuniones que se tiene y al número de profesionales que participan.
Roberto Cabezas Ríos, Top 3 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra