El relleno de los canelones

Actualizado el 14/01/2024 a las 10:56
Para cuando lograba levantarme el día de la vuelta al ‘cole’ mi madre ya tenía preparado el relleno de los canelones. Llevaba un buen rato cocinando. Había recogido el belén, el pino que en casa se colocaba coincidiendo con el sorteo de Navidad, comprado la leche y el pan y después de despertarnos nos animaba a tomar el ‘colacao’ con la advertencia de que si no nos dábamos prisa se enfriaría. Yo me estiraba con calma, me aseaba, desayunaba, guardaba el bocadillo que había preparado y huía a la carrera al colegio. Mientras escribo es como si reviviera el olor de esa comida rehogada en un delicioso tomate. Yo no imaginaba entonces el trajín, el tiempo que aquel resultado maravilloso exigía.
-¡Feliz año!, saluda una vecina al abrirse la puerta del ascensor sacándome de los recuerdos. Los canelones se diluyen y observo que de las manos de la mujer cuelgan sus dos niñas, dos retacos, con trencitas, abrigos de estreno (seguramente los Reyes), guantes y caritas somnolientas. La madre lleva echadas al hombro sus mochilas, la prisa grabada en el rostro y una dosis de energía envidiable. “Llegamos justas a clase” dice en voz alta, sonríe y me pregunta qué tal las Navidades. “Bien, bien. Mucha comida y largas sobremesas”, contesto. “¿Y vosotros?”, me intereso yo. Me cuenta que lo han aprovechado, sin horarios, con numerosas salidas y actividades…, “porque la Navidad deja la agenda colgando del árbol que solo se retoma el día que desmontas el pino”, bromea. “Y del sosiego pasas a la prisa, a la urgencia de los madrugones, a desmontar el belén, al regreso al trabajo, las niñas al ‘cole’, a preparar la comida antes de que ellas vuelvan…” “Una vida acelerada en la que a una acción le sigue otra y esto no para hasta el fin de semana. Una locura”, dice y sonríe. La niña mayor, muy atenta, parece no perder detalle, me mira un instante. Observa a su madre y pregunta:
-¿Mamá, hoy qué tenemos para comer?
-Canelones, responde escueta. Tengo las obleas preparadas y el tomate cocinado...
La palabra tiene un efecto sugerente en ellas. Las crías aplauden la noticia y mientras corren por la puerta del ascensor, ya solo, vuelo al olor a pasta y a carne con tomate horneados. Mi viaje cierra un círculo que une el pasado y el presente, como si cocinar canelones expresara una forma de afecto disfrutado que hoy toca gozar a estas niñas.