Tan bueno para el PSN, que nadie habla

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Nacho Calvo

Publicado el 15/12/2023 a las 19:50

El penúltimo capítulo de ‘Salvemos a la sociedad de una nueva catástrofe’ ha sido la moción de censura acordada entre los socialistas navarros y la izquierda abertzale. Pamplona, dicen, está paralizada, Ibarrola no ha presentado presupuestos (se olvidan que Chivite tampoco) y ahora lo mejor es que Joseba Asiron sea alcalde (en junio, antes de las elecciones generales, no).

El acuerdo es tan bueno para el PSN que entrega la capacidad de gobernar a EH Bildu, que ya repartirá con Geroa Bai y Contigo. Los socialistas, dicen, ya controlarán lo que van haciendo. No se debieron de dar cuenta que desde la oposición es lo que podían haber hecho: controlar (no torpedear) e incluso ayudar a gobernar. Aunque eso hace años que ya no se lleva, ni aquí ni en.... ningún lado.

Otro ejemplo de lo bueno que debe ser el acuerdo para los intereses del PSN es la entrevista a Elma Saiz en La 1 de TVE (está disponible en la web de este periódico). Saiz, ahora ministra, en realidad comparecía como candidata del PSN al Ayuntamiento de Pamplona, como crítica y negacionista de Asiron en la campaña electoral, como miembro de la Ejecutiva del PSN que aprobó la moción de censura y como portavoz del PSN en el consistorio hasta hace un mes. Pues ese pasado reciente quedó borrado por la máquina del tiempo. Los dos periodistas que condujeron la entrevista no consiguieron que Elma Saiz valorara el acuerdo ni que diera ni un solo detalle de cuándo o cómo se gestó la moción. Eso sí para mezclar churras con merinas o criticar la agenda de Núñez Feijóo por venir a Pamplona el domingo sí anduvo más centrada.

También es verdad que no hace falta irse a Madrid de ministra para no valorar el acuerdo. Situaciones para ver lo bueno que debe ser para el PSN también hay en casa. El jueves, antes de la sesión del pleno del Parlamento, María Chivite, la líder del socialismo navarro, esquivó a decenas de periodistas para no decir ni Pamplona, nunca mejor dicho, sobre la moción de censura. Ella delegó en su secretario de Organización, Ramón Alzórriz.

Con él no hay problema. Lleva no sé cuántos años valorándolo todo, todo, todo. Hasta lo que no tiene valoración. Para eso le pagan. Media sonrisa, tono de “¿pero qué me estás contando?”, mirada al frente y palante.

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