El mundo "cero"

Publicado el 13/12/2023 a las 05:00
Planificamos todo y no dejamos espacio para nuevas apuestas. La incertidumbre nos produce vértigo, y por eso, la suprimimos. Es verdad, nos asusta amar y tememos ser heridos. Hacer algo distinto a lo que hacen los que nos rodean es poco frecuente y casi un acto revolucionario (o evolucionario) Mientras más parecidos seamos, mejor.
Se ha puesto de moda la expresión “cero riesgo” para referirse a las metas que las empresas o profesionales se autoimponen, sea cual fuere la temática: en materia de seguridad laboral, inversiones, desarrollo internacional, lanzamientos de nuevos productos, desarrollo de carrera, etc. Claro, todo esto a pesar de que la vida es azar puro y danzante, y que los imprevistos muchas veces suceden por una coincidencia de múltiples e incontrolables variables, en esta época tan convulsa donde todos nos desesperamos cuando perdemos el control sobre la vida. Cero aditivos, cero azúcares, cero alcohol, cero emisiones, cero contaminación, cero riesgos, cero amor. Ya no solo queremos reducir las estadísticas de accidentes laborales, objetivo muy plausible, por supuesto, aspiramos a más. Queremos eliminar el riesgo de la vida misma, algo así como la divinización del “cero riesgo”. Nada debe quedar fuera de estas cartas Gantt de la vida. ¡La obsesión por el control! La fatigosa aspiración por lo perfecto que a veces la disfrazamos de “rigor”, que tal vez pueda ser posible, pero a costa de un precio muchas veces desmedido.
Al momento de nacer nuestra vida está más o menos escrita; ya sabemos dónde viviremos, dónde vamos a pasar los veranos, el colegio donde estudiaremos, entre muchas otras cosas. En un mundo donde la libertad pareciera el valor más importante, es paradójico que queramos preverlo todo. Nada puede quedar al azar. El riesgo ha sido reducido al máximo.
Pienso que lo incontrolable, lo inesperado nos salva de la frialdad de la perfección. Heráclito, el pensador griego, afirmó que “la armonía oculta es mejor que la armonía visible”. Para el griego en el cambio las cosas encuentran su reposo y nuestra vida es principalmente cambio e incertidumbre viva que hay que abrazar con tranquilidad, con paz y con alegría ilusionante.
Los seres humanos le tememos desesperadamente a lo imprevisible, porque que no tiene lógica. ¿Hay algo que sea más opuesto a la vida que la lógica? La lógica la entiendo como una creación de la mente deseosa e impaciente por controlar todo lo que nos desborda de nuestros días. Ojo, esto no lo he aprendido de manera teórica, sino desde la experiencia, el aprendizaje más transformador de todos. Los acontecimientos más relevantes en mi vida han sido los que jamás preví, ni planifiqué, ni pensé y que terminaron por cargarse un guion que en más de alguna época defendí contra viento y marea.
El anhelo del cero riesgo esconde en sus fauces el verdadero miedo de estos complejos días, el miedo a sufrir y la obsesión cada vez más visible en nuestros jóvenes estudiantes y profesionales por sacar de sus carriles a todo lo que se oponga a una vida confortable, segura y predecible. Hay una mala noticia para ellos, para todos: si no queréis sufrir, entonces no debéis amar. El amor es riesgo puro. Es por eso que en esta sociedad del control y del confort el amor está tan amenazado. El amor, entre muchas acepciones y características es, a mi juicio, nada más y nada menos que una maravillosa confianza depositada en el mundo de lo imprevisible, de lo que se escapa de nuestras manos por mucho que hagamos. Es la delicada fuerza de la confianza la que descubre las potencialidades que se esconden en el interior de cada uno, la que nos hace crecer de modo natural, equilibrado y melódico. Nos hace capaces de más.
¿Por qué los algoritmos no pudieron prever la mayor pandemia mundial, uno de los acontecimientos imprevisibles más globales de la historia reciente? ¿Qué aspectos de nuestra vida invadirá la inteligencia artificial, tan en boga en estos días? ¿Cuánto de lo que nos rodea seguirá siendo imprevisible, espontáneo, inesperado o sorprendente?
Lo imprevisible no siempre es aquello que no se puede prever, es también aquello que, por más que nos adviertan, no terminamos de creer que pueda llegar a sucedernos. Los algoritmos no siempre están preparados para sortear los imprevistos. Tampoco están a prueba del miedo, ni de la ineptitud política o incluso de la estupidez humana. Dejémonos sorprender por la vida, ¿por qué no? ¿Cuál es el miedo a lo imprevisible, a que las cosas no salgan como esperamos? No le tengáis miedo a las sorpresas, las que nos mueven el piso, las que nos ponen inseguros, pero que nos vuelven a retar y a desafiar. Dejémonos sorprender, dejémonos ilusionar, dejémonos asombrar por el amor.
Roberto Cabezas Ríos, Top 3 HR Influencers in Spain 2023, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra