"¿Por qué ahora a los pequeños no les atraen los juguetes cuando antes se disfrutaba con ellos?

Actualizado el 10/12/2023 a las 10:34
Comentaban en el Semanal del domingo, la desazón de un juguetero que ya no veía rentable su profesión, porque los niños apenas juegan. Tan solo se venden juguetes hasta los siete u ocho años. Yo creía que ni siquiera llegaban a esa edad, ya que pocas veces veo por la calle cochecitos de muñecas ni camiones de bombero arrastrados por una cuerda. ¿Por qué ahora a los pequeños no les atraen los juguetes cuando antes se disfrutaba con ellos? No puedo olvidar la habitación de mis hijos cruzada por hilos convertidos en lianas para que por ellas treparan y se deslizaran sus Big Jim transformados en Tarzanes, o cuando encontraba las tabletas de chocolate desprovistas del papel de plata convertidas en brillantes armaduras de infatigables guerreros, ni a mis hijas vistiendo y desnudando a los muñecos que cada noche dormían junto a ellas, en su propia cama. Lo pasaban, lo pasábamos tan bien que nos sorprende que los juguetes ya no les atraigan, que ya no los veamos con la nariz pegada al escaparate de Casa Lange, donde tantas veces admiré y envidié una cocinita o una Gisela, que era la muñeca de mi infancia, y que por cierto, nunca tuve. Pero tal vez, como la Gisela, los juguetes se han pasado de moda. Mi madre jugaba a los alfileres, juego que nunca me atrajo, y mi padre al hinque y al irulario, y ya nadie juega a cromos, se desconocen las tabas y tras una efímera moda de hace unos años, ya no se ven diábolos en los patios de los colegios, ni corros cantando qué haces ahí pollo viejo, o Isabelita me llamo. Los juegos también se olvidan como el de los alfileres o el hinque y a quienes manejan una tablet le sorprenderá que alguien disfrute vistiendo a sus Big Jim con coraza de papel de plata, cuando él, puede pasarlo bomba con luchas en su tablet. Pero su imaginación y creatividad ¿se desarrollarán igual? A lo mejor los jugueteros tendrían que pensar en juguetes nuevos, tan atrayentes que los pequeños disfruten como sus padres disfrutaron los trenes, los “madelmanes” o las cocinitas. Es difícil, lo sé, pero el esfuerzo merecería la pena.