Lamentable, todo es muy lamentable

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Juan Pablo Montes

Publicado el 07/12/2023 a las 05:00

Me causa perplejidad comprobar el escaso eco que han tenido en la sociedad y medios de comunicación las palabras pronunciadas por la ministra y portavoz del gobierno, Isabel Rodríguez, referidas a la aprobación de un texto normativo, con el que: “el gobierno podrá conocer con exactitud y en todo momento los medios públicos y privados con los que cuenta el Estado, por si en un supuesto de emergencia nacional poder asegurar la movilización de los recursos de manera más eficiente...“, es decir, facultar al Estado para que, directamente pueda quitarnos nuestro patrimonio de los bancos y demás entidades financieras. Increíble.

¿Y no pasa nada? ¿Y nadie dice nada? Debe de ser que la mayoría de la ciudadanía todavía está en estado de shock por el devenir político de nuestro país y es incapaz de articular palabra. Sin embargo, creo que tendríamos que preocuparnos muy mucho de la aprobación de unas leyes que se asemejan demasiado a las de los países, cuya falta de libertad y pobreza, los ha llevado a los peores índices de calidad de vida del planeta. Pero claro, tampoco nos puede sorprender que el actual gobierno continúe con su senda populista aplicada durante los últimos años.

A este respecto, conviene recordar que, durante los últimos cuatro años, España figura a la cabeza de la UE en cuanto al aumento del gasto público (9,3%) que, sin embargo, no se ha traducido en mejorar la vida de los ciudadanos, sino todo lo contrario. Según Eurostat -la oficina de estadísticas de la Unión Europa- nuestro país figura en el vagón de cola, siendo nuestros ciudadanos más pobres que los ciudadanos de Malta, Chipre o Eslovenia. Desafortunadamente, el gasto destinado a mantener el “estado de bienestar” no tiene visos de frenarse. En ningún presupuesto presentado en los últimos años se menciona cierta contención, recorte o moderación -los votos son los votos- y así no puede ser. Por no hablar de la escandalosa gestión de las pensiones: el incremento de un 8,5% en este año va a suponer aumentar en más de 12.000 millones anuales las prestaciones dificultando, más si cabe, la viabilidad del sistema.

Adicionalmente, los malos datos de nuestra economía (tasa de paro, endeudamiento, déficit...), unidos a la falta de seguridad jurídica tras la amnistía, hace que las agencias de calificación nos amenacen con rebajar nuestra calidad crediticia (rating). Por cierto, estos días hemos conocido cómo la agencia Moody’s, por primera vez en la historia, otorgó un rating superior a Portugal que a España, premiando de esta forma el buen hacer de un gobierno luso -no precisamente de derechas- en materia económica con implantación de reformas fiscales y laborales, que se han traducido en competitividad, empleo, y superávit público.

Otro dato revelador de nuestro descuelgue europeo lo demuestra el hecho de que hasta Grecia está a punto de financiarse a tipos más bajos que nuestro país. Inaudito. Grecia, un país que hasta hace pocos años necesitaba pagar tipos del 17% para poder colocar su deuda, ahora lo hace al 3,58%, exactamente el mismo tipo que adjudica nuestro Tesoro Público los bonos a 10 años.

Pero no todo está perdido. Serán los mercados los que provoquen, tarde o temprano, un giro en las políticas económicas de nuestro país, obligando al gobierno a aplicar sin dilación reformas que van a doler, pero que son inexcusables (cierre de empresas públicas, reducción de empleo y cargos públicos, etc. etc.). ¿Se acuerdan de la época de Zapatero? Pues eso. Ya sé que este panorama sombrío y la constatación de que vamos a tener otros cuatro años un gobierno social comunista no cuadra mucho con la reacción de nuestra bolsa. Pero no nos equivoquemos, nuestro Ibex se ha visto empujado al alza claramente por tres razones: una, el mal comportamiento durante el último trimestre -al igual que el resto de mercados mundiales- con caídas cercanas al 10%, hacía presagiar un rebote como así ha sido; dos, la pauta estacional del mes de Noviembre que estadísticamente lo hace ser muy alcista (de hecho de los últimos 12 noviembres el SP500 ha subido en 11) y tres, a mi juicio la más importante, la caída de rentabilidad del bono americano a 10 años que, tras amagar con romper al alza el importantísimo y psicológico nivel del 5%, fue reculando en las tres últimas semanas hasta el 4,40% aupando de forma espectacular no sólo la renta variable de todo el mundo, sino aún más, el precio de todo tipo de activos de renta fija.

De todas maneras, tal y como está el panorama, tal vez sería conveniente dejarnos de letras, acciones y fondos de inversión y dedicar parte de nuestro patrimonio a invertir en unos cuantos lingotes de oro para guardarlos, a buen recaudo, en nuestro hogar. Allí tendremos los ahorros muy bien escondidos y lejos de las garras del Estado. Supongo.

Juan Pablo Montes. Director Renta 4 Banco

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