"Enfermera itinerante en el Valle de Roncal"

Publicado el 12/11/2023 a las 05:00
No se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”. Esta aseveración, atribuida entre otros a Leonardo Da Vinci, nos invita a conocer pueblos con encanto, que guardan su propia identidad, tal es el caso del Valle de Roncal.
El Valle, es un especial enclave considerado como el eje vertebrador donde se articulan Navarra, Francia y Aragón. Los municipios que lo componen: Burgui, Vidángoz, Garde, Roncal, Urzainqui, Isaba y Uztárroz, se encuentran ubicados por el discurrir del río Esca. Situados estratégicamente en pleno Pirineo, este armonioso conjunto de pueblos, bosques, roquedos y pastos muestran su historia milenaria y tradiciones ancestrales. Todo un patrimonio etnográfico y natural reconocido oficialmente por su valor científico, cultural, educativo y turístico.
Ejercer la profesión de enfermería en un Valle como este, con la dispersión geográfica existente, no se puede entender entre cuatro paredes. Bien al contrario, exige dinamismo y se efectúa al ritmo que impone la vida cotidiana. Durante el trayecto, que inevitablemente hay que hacer, saludan las montañas, esa colección de cumbres que nos unen y separan donde se puede escuchar el silencio habitado característico del Valle. Junto a estos pueblos se une el de Castillonuevo, un pequeño municipio con Ayuntamiento propio. Su emplazamiento y sus gentes dejan una huella imborrable y, merece la pena ser visitado. De hecho, descubrir destinos diferentes, permite acercarnos y conocer la vida de sus habitantes. A fin de cuentas, “todos somos turistas y la vida es solo un viaje”, así lo reflejaba el icónico cineasta Charles Chaplin.
Los bienes de primera necesidad que son los servicios sanitarios, con una dimensión ética ligada a valores sociales y políticos, en este caso, además, se ven condicionados por la orografía y, para los agentes de salud, presentan desafíos logísticos. Trabajar en este entorno rural es idílico en muchos aspectos pero en otros, supone un auténtico reto. Hay que vacunarse de optimismo para salvaguardar el bienestar integral de los habitantes, hay que tener compromiso para garantizar la continuidad de los cuidados, hay que establecer una relación de confianza y un vínculo profesional entregado con los usuarios, familia y comunidad. Y todo ello desarrollado con un alto grado de autonomía que exige capacidad de adaptación a la variabilidad de situaciones clínicas que se puedan presentar.
No es fácil, y mucho menos si no contamos con estabilidad profesional. Promover la enfermería como una profesión atractiva y garantizar dicha estabilidad, en la mayor medida posible, debería formar parte de la agenda de quienes ostentan responsabilidades, debería ser un compromiso institucional. La realidad se impone y confirma que para cubrir estas plazas con permanencia es preciso que los responsables políticos reconozcan, se comprometan, apuesten por la fidelización y defiendan la duración de los profesionales. Y, para lograrlo, será preciso instaurar nuevas oportunidades de desarrollo profesional y de reconocimiento y una compensación coherente a las condiciones laborales que garantice la equiparación apropiada por los condicionantes que estas zonas presentan.
Con la llegada del otoño se puede vislumbrar la migración de “las golondrinas” al igual que sucede con muchos profesionales de enfermería para los que el tiempo vivido aquí ya forma parte de su propia historia. La dedicación, compromiso y convivencia intergeneracional es un canto de esperanza inspirado en la voz de Julián Gayarre. El municipio de Roncal que ostenta la capitalidad recuerda con orgullo a su más afamado tenor. Su voz se eleva en defensa de las personas más vulnerables. La voz de la enfermería rural, también. Y, como entonaba Gayarre “ya nadie volvió a cantar, que por algo era navarro y del Valle de Roncal”. Un gran legado que se mantiene vivo.
Isabel Pacheco Serrano. Enfermera. Máster en Bioética y Humanización sanitaria. Experta en Psicología Positiva.