"Qué gozada saber que lo que estudié de niña parecía estar esperándome, como si quisiera decirme: aquí estoy, nadie te ha engañado"

Actualizado el 01/10/2023 a las 10:44
Ya lo tenemos aquí con toda su incertidumbre. ¿Nos deparará buen o mal tiempo? Nos preguntamos. Naturalmente es el Otoño el que nos ha llegado, cambiando la fisonomía de las ciudades. Los escaparates han sustituido los bañadores por uniformes colegiales, y juguetes veraniegos por cuadernos y libros de texto. Las calles se ven de pronto llenas de gente joven: universitarios y colegiales camino de sus centros de estudio. Como he dicho en otras ocasiones, no envidio a los estudiantes, sobre todo en el mes de junio, pero este año, viéndolos desde las ventanas de casa, he dado en recordar episodios de mi vida escolar con verdadero gusto, como el día que por primera vez estudié memorizando una lección. Léela muchas veces y verás como la aprendes, dijo una de mis hermanas mayores cuando me vio indefensa ante el libro. Así que repetí tanto aquellas primeras líneas, que nunca las he olvidado: “Todos los cuerpos abandonados en el espacio caen”. Naturalmente no sabía muy bien a qué cuerpos se referían, qué era el espacio ni nadie me había comentado lo de la manzana que vio caer un hombre muy listo, pero aprendí mi lección. Recuerdo también la felicidad, sí, felicidad, que sentí el día que aprendí a dividir. La división ya terminada en mi cuaderno me pareció preciosa, con su dividendo y su divisor, el cociente y el resto, encerrado este en un paréntesis... Orgullosa además de saber sumar, restar, multiplicar y dividir, como si esto fuera todo en la vida. ¡Pues no me quedaba poco todavía! Pero fueron muchos los descubrimientos que hice ya adulta, relacionados con mis estudios de niña, como que el Paso de Despeñaperros que un día atravesé, existía de verdad, y no digamos mi alegría cuando me vi en la laguna de Gallocanta, como si esta se hubiera escapado del libro de Geografía que yo guardaba en mi maletín escolar... Qué gozada saber que lo que estudié de niña parecía estar esperándome, como si quisiera decirme: aquí estoy, nadie te ha engañado. ¿Sentirán esto algún día los pequeños que hoy pasan bajo mi ventana?