"Al bullying hay que añadir otro fenómeno, más peligroso y persistente: el cyberbullying, es decir el acoso constante que se realiza a través de las redes"

Publicado el 21/09/2023 a las 05:00
La violencia es un hecho que acompaña a la historia de la humanidad, desde sus orígenes. La Biblia recoge, en sus primeras páginas, el hecho de la muerte violenta de Abel, a manos de su hermano Caín. El asesinato, la muerte violenta, es la expresión suprema de la violencia física.
Pero hay otras formas de violencia que pueden terminar con la muerte, como sucede con el suicidio o intentos de suicidio de muchas personas que no pueden resistir el acoso moral y la violencia física de aquellos con los que conviven. Y este problema se va incrementando en los centros educativos que deben ser comunidades educativas.
En abril de este año, la UNESCO hacía público un informe en el que se advertía que, a nivel mundial, “más del 30% de los estudiantes del mundo son víctimas de bullying, con las devastadoras consecuencias en su rendimiento académico, abandono escolar e impacto en su salud física y mental”. No hay que olvidar que la violencia psicológica incluye todas las formas de aislamiento, rechazo, ignorancia, insultos, difusión de rumores, mentiras, motes, ridiculizaciones, humillación, amenazas.
Por eso, la sociedad navarra no puede ni debe permanecer sin reaccionar ante el hecho de que el 48,4%, casi uno de cada dos, de los alumnos de entre seis y dieciocho años de nuestros centros educativos, según un informe del Departamento de Educación, sean víctimas de bullying en algún momento de su permanencia en el centro.
Al bullying hay que añadir otro fenómeno, más peligroso y persistente: el Cyberbullying, es decir el acoso constante, día y noche, que se realiza a un alumno o alumna a través de las redes sociales, como el whatsApp, y que es una agresión que se produce al margen de la permanencia en el colegio, aunque con frecuencia, es una continuación de lo que sucede en el ámbito educativo: burlas, amenazas, ridiculizaciones.
Con qué tranquilidad pueden los padres dejar a sus hijos en un centro educativo con una probabilidad tan elevada de que sea víctima de una situación tan dolorosa y frustrante, que, a veces, la sufren en silencio y tardan mucho tiempo en comunicarla. Son centros en los que los padres han depositado la confianza de que su hijo va a disfrutar de un espacio, espejo de la familia, donde encuentre acogida, amistad, apoyo. Un espacio cuya misión no es sólo enseñar, sino que los alumnos se socialicen en los valores básicos de la convivencia: respeto, libertad, colaboración, creatividad.
No quedan muy lejos los años en que el sistema educativo promovía de manera explicita lo que se llamaba “educación en valores”, que deben estar presentes en la enseñanza de cualquier tipo de asignatura: educación para la paz, la salud, sexual, vial, ambiental, igualdad, coeducación, educación del consumidor. Por otro lado, generalmente se pone el acento en el problema de las víctimas. Pero hay que tener en cuenta que no es menos grave el problema que llevan en sus mentes y en su conducta los compañeros acosadores. No son triunfadores. Sin darse cuenta son también víctimas de una depravación moral y personal, porque la violencia impide al que la ejerce la socialización en los valores de respeto, convivencia, colaboración. La violencia degrada al que la ejercita, aunque sea un escolar. No es de extrañar, según un estudio de “save the children”, que los adolescentes perpetradores de ciberbullying tengan un riesgo mayor de manifestar ideaciones y comportamientos suicidas.
Nuestra sociedad, gracias, en gran medida, a las fuertes campañas realizadas desde las instituciones locales, provinciales y estatales, ha conseguido concienciar a los ciudadanos contra el fenómeno de la violencia de género. “Por una sociedad libre de violencia de género”. “Nos queremos vivas”. Han sido eslóganes mostrados en las manifestaciones. Y en la entrada de muchas ciudades hemos visto escrito el lema “Ciudad sin violencia de género”.
Pero no se trabaja en igual medida en los colegios y en la sociedad la violencia, bullying, a nuestros niños y jóvenes. Buena prueba de ello es que apenas se conoce y tiene difusión la fecha del cinco de noviembre, declarada por la UNESCO como Día Internacional de la Violencia y el Bullying en la escuela, incluyendo el Cyberbullying. No tenemos la misma conciencia de responsabilidad que la hemos conseguido contra la violencia de género.
Lamentablemente, nuestro sistema educativo está más orientado al éxito en los estudios, a conseguir los mejores expedientes, que a una formación en los valores de la convivencia. Es la deificación del poder, del éxito, frente a la colaboración, el respeto mutuo. En el marco de la convivencia con nuestro entorno natural, se han introducido nuevos valores como el amor y respeto a la naturaleza, que, en última instancia es también “convivir” con nuestro entorno. Es lamentable que mientras luchamos tanto por el medio ambiente, seamos tan poco sensibles al problema del Bullying en los centros educativos, porque los datos tan alarmantes que ofrecen los informes técnicos ponen en evidencia un fracaso de nuestra sociedad y de nuestro sistema educativo.