Cartas de los lectores

Pernoctar en la Taconera

El Café Vienés de Pamplona
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El Café Vienés de Pamplona en una foto de archivo
El Café Vienés de Pamplona

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Ana Ozores, vecina del primer ensanche

Publicado el 13/08/2023 a las 06:00

De manera habitual, en el jardín que se encuentra tras el antiguo café Vienés, actual taberna, pernoctan personas sin techo. Cuando uno o una llega a las 7 de la mañana haciendo deporte, dando un paseo, sacando al perro, los encuentra despertándose, orinando, palmeando en el hombro a quien pasa si están de buen humor, acercándose a por un cigarro o a preguntar la hora. Es verano, hay luz, hay gente y la sensación de inseguridad es eso: sensación. De momento. Cuando llegue el otoño y el invierno, el día sea más corto, haya menos horas de luz y frío polar, ¿seguirán ahí?

Nadie puede obligarles a moverse y, si no cometen ningún delito, están en todo su derecho de permanecer allí. Pero el derecho de unos tiene sus limitaciones en el derecho de otros. Es nuestro derecho como ciudadanos y ciudadanas poder pasear por la Taconera, por la Vuelta del Castillo, por la parte vieja, por La Rochapea, por el Paseo del Arga, por Buztintxuri, por La Milagrosa y por cuantos barrios de Pamplona se quieran listar a continuación, con seguridad.

Pagamos impuestos. Y los pagamos para que los servicios sociales locales, gubernamentales actúen. La cuestión es que hacen lo que pueden, incluso más de lo que pueden y les corresponde probablemente, pero el problema sigue ahí, sin solución.

¿Entonces? ¿Se trata de una decisión política y no ya de gestión de los diferentes cuerpos y servicios de la Administración Pública implicados? Pues buen gobierno acabamos de estrenar para enfrentar este problema, que comienzan obviando, siguen por negarlo y terminan por no verlo.

El deterioro de la ciudad (en las zonas verdes, los árboles, la limpieza viaria, la seguridad ciudadana...) es imparable desde el Gobierno del cambio de 2015 y el alcalde Asirón. Darle la vuelta es muy difícil porque la degradación ha sido gradual, pero constante, de manera que nos hemos ido acostumbrando a que los impuestos que pagamos se traduzcan cada vez en peores servicios y en que nuestra calidad de vida se vea limitada ya desde que empezamos el día a las 7 de la mañana.

La nueva alcaldesa lo tiene difícil, pero como ciudadanía no podemos renunciar a exigir lo que nos corresponde por derecho, a denunciar lo que no tiene cabida (puede que legal, pero no cívica) y a pedir soluciones a gobernantes cuya retribución sale de esos mismos impuestos. La Taconera no es lugar para pernoctar, igual que no lo es ninguno de Pamplona o de cualquier otra localidad. La calidad de vida de Pamplona y Navarra se desgasta cada año más, y no podemos tolerar cualquier cosa bajo el subterfugio de una solidaridad y una tolerancia que no son tales, sino excusas para que tengamos que tragar situaciones lamentables.

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