"La matraca del progresismo"

"El progresismo ampara que un bocachanclas llame “fascista” a todo aquél que no piense como él y que un energúmeno
te suelte un puñetazo en la calle Curia"

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Chon Latienda

Publicado el 28/06/2023 a las 06:00

Se han autoproclamado “progresistas” porque denominarse “hemos venido a okupar la Administración” les quedaba muy largo. El término “progresista” sirve para erigirse en una casta diferente a la del resto de partidos que quieren excluir y que, individualmente, han tenido más votos que cada uno de ellos. En el progresismo cabe el nacionalismo tradicionalista del PNV con su lema “Dios y la ley vieja”; partidos de la burguesía catalana, si son separatistas, por supuesto; el partido más corrupto de España, PSOE; y partidos de extrema izquierda como Sumar-Contigo-Podemos-Sumar-Incluso-Restar, ERC y el dirigido por el rancio y caduco Otegi. El progresismo ha permitido que un condenado por maltrato a su pareja (Jesús Eguiguren) haya dirigido el Partido Socialista Vasco durante doce años y que, condenados por terrorismo, y algunos con delitos de sangre, hayan integrado listas electorales. Progresismo es derogar el delito de sedición para indultar a condenados progresistas y rebajar el delito de malversación para que chorizos progresistas se vayan de rositas. Progresismo es pagar prostitutas con dinero público y a la vez solicitar la abolición de la prostitución.

El discurso progresista es infantiloide y machacón. El progresista es un especialista en jerga política destinada a engañar a ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes. El progresismo está cargado de mensajes bobalicones y parvularios sobre la abolición de fronteras, las luchas por las minorías, el multiculturalismo, el feminismo, la solidaridad con el pueblo más remoto del planeta, etc. Pero en la práctica, el progresismo es otra cosa. Va de atentar contra la convivencia invadiendo espacios públicos; de dar un golpe de Estado (Cataluña); de agresiones a discrepantes; de decirle a la gente qué tiene que comer; de llenar los espacios públicos con pancartas… El grado de progresismo es directamente proporcional al aumento de ministerios, consejerías, direcciones generales y demás puestos inútiles destinados a dar cabida a gran parte de una casta de progresistas que jamás ha estado en el mercado laboral.

En Navarra el progresismo lleva ocho años interpretando qué es lo que los navarros, que votan de manera individual y no en comandita, han demandado con su voto y, haciendo las sumas pertinentes e interesadas, llegar a la torticera conclusión de que los votantes han decidido que gobiernen los mismos “progresistas” que en cuatro años han perdido 21.000 votos porque, con sus políticas progresistas, han dejado a 60.000 navarros esperando una primera consulta de especialista médico; a 16.000 navarros demandando una vivienda protegida; a un 14,7 % de la población navarra en riesgo de pobreza; a miles de navarros con la peor fiscalidad de toda España y a otros tantos navarros sin poder realizar gestiones en oficinas públicas.

El progresismo ampara que un bocachanclas llame “fascista” a todo aquél que no piense como él y que un energúmeno te suelte un puñetazo en la calle Curia. Un cohete es progresista si la mecha la enciende Asiron, y el Parlamento de Navarra es progresista porque lo preside uno del PNV. Y un gobierno es progresista si tiene a uno de sus consejeros imputado por prevaricación y malversación. Progresista es que el PSN y Geroa Bai se estén peleando por el número de consejerías que se van a repartir y que el portavoz socialista le diga al partido más votado que “ni me llame” mientras se baja los pantalones para recibir a los progresistas de Bildu.

“Tú ya hablas euskera cuando dices txistorra”,  campaña de gobierno progresista que nos costó a los navarros 80.000 euracos. “Tú ya eres progresista” si le añades a tu estructura de gobierno un sobrecoste de 25 millones de progresistas euros para llenar la nevera de ociosos progresistas.

Chon Latienda Urroz Comentarista

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