Náufragos desiguales

Publicado el 26/06/2023 a las 06:00
La desaparición del sumergible Titan con cinco personas en su interior, poco después de iniciar una inmersión para visionar los restos del Titanic a 3.800 metros de profundidad en las aguas de Terranova, ha desplegado esfuerzos sin precedentes para su búsqueda y rescate, y centrado la atención informativa mundial. Esas cinco personas contaban con oxígeno limitado dentro de una cápsula hermética de siete metros de largo atrajo la atención del mundo entero. El examen de los escombros hallados en el fondo de una de las áreas más inhóspitas de los océanos debería aportar datos definitivos de la suerte corrida por los tripulantes. La búsqueda del sumergible perdido ha puesto a prueba tecnologías, planes y protocolos de colaboración internacional. Ello permitirá mejorar recursos y metodologías de rescate, y no solo en el mar. Pero exigiría también perfeccionar la legislación internacional para prevenir accidentes en iniciativas de semejante riesgo que, finalmente, detraen tantas energías. La peripecia del Titan coincide en el tiempo con el naufragio en el mar Jónico del pesquero Adriana con más de 700 migrantes que no contaron ni con la diligencia humanitaria gubernamental necesaria para evitar la desaparición de cientos de personas hacinadas por el tráfico de seres humanos, ni con los medios para socorrerlas tras el hundimiento. Y convive también con el incremento estacional de las arribadas de pateras hacia Canarias, con la muerte y la desaparición de migrantes que tratan de llegar a Europa. En un mundo en el que las desigualdades afloran cada día a causa del distinto origen geográfico o condición social de los seres humanos, pocas veces la injusticia se hace tan patente como en la comparación entre el despliegue para recuperar el Titan en circunstancias absolutamente inciertas y la desatención que padecen miles de personas que tratan de huir de la violencia, el hambre y la pobreza a través del Mediterráneo y las aguas que rodean Canarias.