Desde la solana
La identidad navarra y sus riesgos


Publicado el 27/05/2023 a las 06:00
A lo largo de este mes de mayo, hemos asistido en DN a un interesantísimo debate sobre los retos que plantea la identidad navarra. Debo confesarles que es lo que más me ha interesado de esta larga campaña electoral, más proclive a hablar de posibles alianzas que a presentar un programa razonable y factible para mejorar la vida de los ciudadanos navarros con el concurso de todos.
Aladino Colín; Javier Larequi y Javier Tajadura, partiendo del dato constatado de haber vivido los 40 mejores años de nuestra historia bajo el paraguas de la Constitución de 1978 y la LORAFNA de 1982, insisten en la necesidad de reforzar el conocimiento del fuero y lo que ello supone, como tarea propia y específica de nuestro sistema educativo, porque “no se puede amar lo que no se conoce”. Félix Taberna, partiendo de una tradición que no debe ser estática, sino abierta e inclusiva, propone un Plan Foral de Ciudadanía y apostar por el desarrollo y posicionamiento de la Marca Navarra. Iñaki Iriarte argumenta y razona que Navarra habrá de seguir siendo foral… o no será. Joseba Eceolaza apela al valor del pluralismo que, a su juicio, debería ser nuestra mejor singularidad. Y, finalmente, Luis Sarriés alerta de que estamos en un momento histórico de inicio de un proceso de cambio de la identidad de Navarra, impulsado por políticas de partidos nacionalistas.
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No me resisto a dar mi opinión, dado que este es un tema que me ha ocupado mucho en el pasado, tanto en mi vida profesional como política, del que me hago eco con frecuencia en esta sección y que, a día de hoy, me preocupa especialmente.
Partamos del estudio de CIES en 2019 sobre el sentimiento de identidad. Se sienten solo navarros, el 14%; navarros y españoles, el 43%; solo españoles, el 5%; españoles, navarros y vascos, el 12%; navarros y vascos, el 18%; solo vascos, el 2%, y no saben no contestan, el 6%. En sentimiento acumulado: navarros, el 87%, españoles, el 60%, vascos, el 32%. Si ese sentimiento lo referimos a los menores de 35 años, apenas hay cambios: 88%, 63% y 27%. Si a eso unimos el previsible resultado de las elecciones forales según la encuesta de CIES para DN de esta misma semana, los partidarios de Navarra como Comunidad propia y diferenciada suman el 66% de los votos estimados y los partidos nacionalistas el 33%, cifras que se mantienen casi inalterables desde hace varios lustros
De todo ello cabe colegir que la pervivencia de la identidad navarra, tal y como hoy la conocemos, parece asegurada. Sin embargo, hay algunos riesgos en el horizonte que convendría tener en cuenta. Me gustaría centrarme brevemente en dos.
El primero y más importante es el objetivo de los nacionalistas, enunciado explícitamente, de integrar Navarra en Euskadi. Saben que hoy no es posible, porque si lo fuera ellos serían los primeros en activar lo previsto en la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución. Mientras llega ese día, que sitúan como un objetivo de medio y largo plazo, trabajan con paciencia y perseverancia en preparar el terreno con acciones interpuestas, sobre todo en materia lingüística y en el ámbito educativo, dos áreas especialmente sensibles para influir en las nuevas generaciones, que son el futuro.
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El segundo es que crezca entre las nuevas generaciones la percepción de que el fuero es algo lejano y ajeno a la modernidad. Si esta percepción se consolida, la batalla está perdida. Por eso es tan importante que los partidos constitucionalistas, al margen de su adscripción ideológica, valoren la importancia del problema y actúen en consecuencia. Es imprescindible, por tanto, una acción clara y decidida para hacer ver, sobre todo a los niños y jóvenes en el ámbito educativo, dos cosas: por un lado, cuáles son y qué valor tienen nuestras instituciones propias; y por otro, que precisamente el fuero -es decir, nuestro autogobierno- es no una rémora, sino la garantía de un mejor futuro precisamente para ellos.
En todo caso, ni la historia, ni el fuero ni las instituciones propias servirán de mucho, si no hay una ciudadanía navarra -sea nacida aquí o venida de fuera- dispuesta a ganarse el futuro a pulso y unos políticos, los que elegiremos el 28 de mayo, capaces de liderar el proceso y proclives a llegar a acuerdos que respondan al interés general.
Ese es nuestro reto.
felonesroman@gmail.com