"La primavera navarra ¿ha sido siempre así o se está enseñoreando de nuestras cuatro estaciones el cambio climático del que tanto se habla ahora?"

Publicado el 20/04/2023 a las 06:00
Las flores que prometían dos de mis hortensias se han helado. Las temperaturas gélidas de algunas noches pasadas las han ennegrecido y ahora lucen tristes, como avergonzadas de no haber resistido como resisten los capullos de las rosas o los de la clemátide. Si a las otras hortensias les ocurre lo mismo, les aguarda otro verano sin flores. Sin embargo los dos lados del carretil lucen brillante color amarillo. Es la colza que ya ha florecido. Y también las margaritas y los dientes de león que tanto admiró Chesterton. El campo entero deslumbra en esta extraña primavera, en la que la mayoría de los días aprieta el calor y por las noches baja tanto la temperatura como para acabar con las incipientes flores de las hortensias.
La primavera navarra ¿ha sido siempre así o se está enseñoreando de nuestras cuatro estaciones el cambio climático del que tanto se habla ahora? No lo sé, pero con heladas o sin ellas las flores nunca nos han fallado. Crecían ya abundantemente en el Soto de Lezkairu, lugar que nos acogía a los niños del Segundo Ensanche que creíamos estar en el bosque de Caperucita o de Hansel y Gretel, ya que nos parecía enorme, lleno de misterio y flores. Abundaban allí los lirios, que por cierto, entonces no apreciábamos demasiado, tal vez porque crecían a orillas de unas regatas de aguas negruzcas. Tuvieron que pasar años para apreciar su belleza y enterarnos de que ni Salomón en toda su gloria se vistió de tal esplendor.
El Lezkairu de mi infancia ya no existe. Es ahora una populosa prolongación de Pamplona, llena de parejas jóvenes que van llenando de niños sus plazas y parques. Tal vez sus abuelos les contarán que allí jugaban a indios y vaqueros o se adornaban con coronas de margaritas. Ya no existen las negras regatas a cuyas orillas crecían los lirios pero siguen quedando lugares donde mil flores silvestres nos animan a llevarlas a casa en ramilletes, porque ¡qué maravilla! A ellas no les han afectado las heladas nocturnas de hace unos días.