"Bienestar mental para adolescentes, ¿se está tomando conciencia de su importancia?"

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Sonia Ledesma

Publicado el 02/03/2023 a las 06:00

Hoy, 2 de marzo, se celebra el Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes. Pero, ¿se está tomando conciencia de su importancia? Las consecuencias de no hacerlo las descubrimos, cada vez más frecuentemente, en las noticias. Muchos todavía estamos buscando respuestas a la tristísima crónica de las gemelas de Sallent. Lamentablemente, no creo que haya respuestas que lo expliquen y tampoco sé si se podría haber hecho algo para evitarlo. Sin embargo, creo que en muchas ocasiones no se hace nada. Y ahí es, aún sin respuestas, donde debemos encontrar la solución. No hacer nada nunca podrá asegurar el bienestar mental de nuestros adolescentes.

Según el estudio Conducta Suicida y Salud Mental en la Infancia y la Adolescencia en España, realizado por la Fundación ANAR, el número de casos con conducta suicida ha crecido notablemente entre 2012 y 2022 (1.921,3%). Según datos del INE, 2021 fue el año con más suicidios registrados desde que se tienen datos (año 22 aún sin publicar), y los casos de menores de 15 años se incrementaron un 57% con respecto a 2020. Para muchos de los ciudadanos de a pie, poner la salud mental en el centro de las políticas sanitarias y educativas nos parece una prioridad. Y la velocidad a la que se acometan esas políticas puede salvar muchas vidas (y preservar la salud mental de nuestros menores). Sin embargo, en lo concerniente al ámbito educativo (opino solo de lo que conozco) las medidas, escasas y lentas, no están funcionando.

Volviendo al terrible caso de las gemelas, Educación de la Generalitat “no contempla” que las hermanas sufrieran bullying como sus compañeros y familiares han manifestado. No pongo en duda que no tuvieran conocimiento, y tampoco que sí dispongan de protocolos de actuación ante posibles casos pero, ¿exigen a los centros su cumplimiento?, ¿existe una supervisión de los mismos?, ¿informan a las familias sobre cómo solicitar ayuda?...

En el informe también se recoge que, entre 2019 y 2022, la implicación de las tecnologías en los intentos de suicidio ha pasado del 33,5% al 51,5%. El mal uso de la tecnología genera situaciones de riesgo con consecuencias muy negativas (ciberacoso, sextorsión, grooming…) así como sentimientos de malestar, frustración e insatisfacción, cuyos efectos están teniendo un alto impacto en la salud mental de nuestros menores.

Si bien Internet lleva en nuestras vidas mucho tiempo, es ahora cuando la generación que siempre ha convivido con los móviles tal y como los conocemos hoy (los llamados inteligentes, con redes sociales y algoritmos) está llegando a su mayoría de edad. ¿Y se les ha enseñado a hacer un uso saludable? Lamentablemente No. Son estos jóvenes los que están sufriendo mayor sintomatología relacionada con trastornos de salud mental. Los datos están ahí. Sin embargo, no se está haciendo gran cosa al respecto. Por una parte, los centros educativos tienen autonomía tanto en lo pedagógico como en su propia gestión, organización y convivencia. Si bien las instituciones educativas, con la Lomloe como marco legal, prescriben la existencia de una estrategia digital que favorezca la competencia digital del alumnado, es cada centro el que lo concreta y, en última instancia, cada docente quien lo aterriza en su aula. De manera que depende de cada centro y de cada docente que se lleve a cabo una educación digital que sume (y no reste) al desarrollo integral de su alumnado.

Seguro que hay muchos centros que son buen ejemplo, pero una mayoría de lo que conozco no cuenta con algo, tan simple como necesario, como un protocolo de uso de móviles en horario escolar o herramientas para controlar el acceso a contenidos o a aplicaciones en los propios dispositivos que usan en sus tareas educativas. Y es curioso, porque cuando he expresado a algunos docentes esta necesidad, aluden a la autonomía y responsabilidad de su alumnado, del que saben que (por su desarrollo evolutivo: cognitivo, psicológico y social), no está preparado para llevar a cabo ciertas estrategias de autocontrol. Los departamentos de educación ponen al servicio de los centros recursos para que puedan acometer situaciones problemáticas. Así, para la prevención del acoso escolar (casi siempre vinculado al ciberacoso), en Navarra existe el programa Laguntza además de una asesoría para la convivencia y mecanismos para solicitar ayuda; pero como he dicho, la detección precoz y la intervención dependen en gran medida del conocimiento y buen hacer de docentes y de la implicación de los centros.

Por otra parte, en el ámbito familiar, me temo que también hemos descuidado nuestra atención e implicación en la educación digital de nuestros hijos (alfabetización y ciudadanía digitales). En ocasiones por sentirnos desbordados, en otras por creer que “ellos saben más”, otras veces porque no hemos valorado el alcance de “no hacer nada”… No es fácil. Esto de la digitalización ha añadido un peso extra en la mochila de la maternidad y de la paternidad. Ahora bien, la realidad es la que es y necesitan nuestra ayuda para que puedan hacer no solo un buen uso de los dispositivos, sino también una buena gestión emocional de todo lo que traen consigo.

Sonia Ledesma. Especialista en Educación Digital

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