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El Rincón

Atención Primaria, una enferma crónica

Los ciudadanos quieren ser atendidos de forma presencial, sin filtros teléfonicos desquiciantes y no entienden los centros de salud medio vacíos

Ampliar Un paciente, el pasado martes en el interior del consultorio médico de Bera
Un paciente, el pasado martes en el interior del consultorio médico de BeraJ. C. Cordovilla
Publicado el 15/01/2023 a las 06:00
Vaya que si estamos en vísperas de unas elecciones para renovar el Gobierno de Navarra, esas que se celebrarán el 28 de mayo. ¿En qué se nota? Para empezar en que los “estrategas” de cada partido han puesto en marcha toda la maquinaria pensando ya en lo que les puede hacer daño entre sus votantes. El ejemplo más evidente lo tenemos estos días en el Gobierno foral, que sabe que le van a sacar los colores con la Sanidad (de la Atención Primaria a las listas de espera) y ha intentado mover ficha. Sobre todo, con el llamativo intento de desactivar la huelga de médicos prevista para las próximas semanas.
El deterioro de la atención sanitaria. Es evidente que existe una clara percepción social de que la Sanidad pública ha sufrido un deterioro. Especialmente en la Atención Primaria, la puerta de entrada de los ciudadanos al sistema. La pandemia fue una enorme perturbación, por supuesto, que justifica una situación excepcional. Pero ahora ya no. Eso no vale. No cuela.
Los profesionales hablaban claro sobre cómo se sienten en el Foro de Atención Primaria del Colegio de Médicos. Con una sobrecarga de trabajo que impide la correcta atención de los pacientes. Desmotivados tras la dureza de lo vivido en la pandemia y encontrarse a la salida con un panorama que no mejora un ápice. Con una falta de profesionales, de médicos de familia a pediatras, por citar dos casos obvios, que agrava los problemas. No hay más que leer todos los días el periódico para ver cómo las quejas sobre esta carencia se multiplican de una punta a otra de la geografía navarra. Además, los médicos también se sienten objeto del enfado de los pacientes. “Estamos trabajando más que nunca y la gente está más cabreada que nunca con nosotros” es el mensaje que ofrecieron.
Atención presencial ya. Y es que para ver todo el problema hay que sumar la visión de los ciudadanos. Que quieren volver a ser atendidos presencialmente, sin gestiones telefónicas que se convierten en un cuello de botella infranqueable y desquiciante. Que no quieren contarle sus problemas médicos a personal administrativo para que los filtre, sino a los sanitarios. Que tienen la percepción de que sigue habiendo muchos centros de salud semivacíos, algo que no entienden a estas alturas, aunque los médicos replican que ahora hacen un montón de trabajo telefónico que antes no se hacía.
Vaya, que si sumamos ambas miradas, nos encontramos con la realidad. Y con la vista puesta en la Administración foral, que tiene que poner las soluciones que es evidente que no llegan, comenzando por una gestión más flexible y ágil de los centros de salud y de los recursos humanos en tiempos de escasez. Cierto que los problemas de la Sanidad no son exclusivos de Navarra. Al contrario, son generalizados. Y que Navarra destina abundantes recursos económicos a Salud, también. Pero los responsables han tirado la toalla a la hora de plantear los cambios de calado, los de verdad, no los coyunturales o cosméticos.
Una huelga pendiente. Y ahora tenemos la convocatoria de huelga de médicos por parte del principal sindicato de los profesionales. Una convocatoria que coincide con las que se extienden estas semanas por otras comunidades, como Madrid o Andalucía, gobernadas por el PP. Pero claro, aquí es con un Gobierno socialista, como en Aragón, lo que desmonta la tesis política de que es la derecha la que no apuesta por la sanidad pública. Y es que los problemas reales no entienden de colores políticos. Y son comunes en toda España.
Así que en este contexto se entienden los movimientos del departamento de Salud para parar la huelga. Como reconocer la carrera profesional a los interinos, cosa a la que le están obligando los tribunales, o mejorar algunas retribuciones como las guardias o las jefaturas.
Pero hay una medida novedosa del todo. El departamento de Salud (gobernado por el PSN) acepta eliminar la exclusividad de los médicos del sistema público, es decir, les permitiría abrir consultas privadas. Y sin eliminar por ello el complemento que retribuía esta exclusividad, claro. Una petición histórica del Sindicato Médico. Y un anatema clásico para la izquierda.
Pero los tiempos han cambiado. La mayoría de las comunidades ya no tiene exclusividad, por ejemplo ya no existe en el País Vasco o en La Rioja, y los médicos escasean. Un médico de la sanidad pública vasca puede poner consulta en Navarra, por ejemplo, algo que no se permite a los navarros sin que renuncien a parte del sueldo. Conclusión: Navarra pierde más atractivo como destino, lo que todavía agrava más el problema de escasez de profesionales.
Esa es la razón del giro del Gobierno que abandera ahora una medida que ya había pedido Navarra Suma en el Parlamento y rechazado este mismo Ejecutivo. Cosas de la incoherencia política.
Una reforma profunda pendiente. Acometer una reforma en profundidad de la Sanidad pública para fortalecerla debiera ser un prioridad absoluta. La Sanidad universal es un pilar básico de nuestra idea del Estado del Bienestar. Irrenunciable. Está en juego garantizar una atención de primera calidad a los ciudadanos. Esa que muchos navarros sienten que han tenido históricamente pero que ahora no ven igual. Y la reforma debe hacerse desde la exigencia de consensos amplios para que pueda mantenerse en el tiempo y ser efectiva. Por supuesto que no es fácil. Es un reto mayúsculo afectado también por un progresivo envejecimiento de la población y por la falta de médicos.
Pero los profesionales saben sobre qué mimbres debe hacerse: necesidad de desburocratizar los centros, motivar a los profesionales y no convertirlos en puros funcionarios, atraer talento y pagarlo y también profundizar en la educación sanitaria de los ciudadanos. Falta la decisión.
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