"Seis meses de una invasión enquistada"

Publicado el 24/08/2022 a las 06:00
Se cumplen hoy seis meses de la invasión de Ucrania con la que Rusia burló el Derecho Internacional para socavar la integridad territorial y soberanía de un país vecino y avanzar en sus ensoñaciones imperialistas. Enquistada la guerra en el campo de batalla, y cortocircuitados los esfuerzos diplomáticos en busca de un por ahora más que improbable acuerdo de paz, el conflicto se adentra en una fase de desgaste que hace temer una prolongada duración. Un escenario indeseable que el Kremlin considera favorable tras el estrepitoso fracaso de su plan inicial: un ataque relámpago para hacerse en unos días con el control de Kiev y sustituir al Gobierno. Frustrado ese objetivo, ahora pretende debilitar el apoyo al agredido con el chantaje de un cierre del grifo del gas a la UE, que empeoraría de forma sustancial el deterioro de la economía, para forzar una negociación en las condiciones más ventajosas. La amenaza de severas restricciones energéticas y el riesgo de una recesión planean sobre la unidad europea en torno a Ucrania. De unos gobiernos responsables se espera que sepan asumir, y trasladar a sus ciudadanos, que esta guerra no les es ajena y que en ella hay en juego mucho más que simples objetivos militares: los principios y valores en los que se asienta nuestro sistema democrático. La invasión ha resucitado a la moribunda OTAN, que ha aprobado la entrada de Suecia y Finlandia. Además, ha reforzado la integración de la UE y acercado a Kiev a ella, y Estados Unidos ha vuelto a cerrar filas con Europa. El líder ruso, mientras tanto, tiene como aliados a China y a un puñado de autocracias en un revolucionado tablero geopolítico. Llegados a este punto, es necesario crear las condiciones que pongan fin a esta tragedia y hagan posible una paz justa aceptable para Ucrania, aunque el reto se antoja complejo. Las sanciones a Moscú se han revelado insuficientes para disuadirle. El sostenido apoyo a Kiev, que pondrá a prueba la solidaridad de Occidente si se desata una recesión, no debe excluir las vías diplomáticas y cuantas otras puedan facilitar una salida que deje bien claro a quién asiste la razón.