Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

"¿Sabemos cuál es el esfuerzo y el compromiso que toda la ciudadanía tenemos que hacer para salir de esta situación que nos está asfixiando?"

Avatar del Jesús María OsésJesús María Osés22/08/2022
Europa ha puesto en marcha medidas de ahorro energético previendo lo duro que puede ser el próximo otoño-invierno. El gran problema es coordinar dos ámbitos que llevan la contradicción al límite: la economía y la política. Desde que la ideología neoliberal deslumbró al capitalismo y a parte de la izquierda, la economía se impuso al quehacer político. Es más, decía el dogma neoliberal, si la política osaba intervenir en el mínimo control de la economía, ésta se hundiría rápidamente produciendo una debacle social catastrófica. Por tanto, la libertad y el bienestar quedaban supeditados a la no intervención estatal.
Claro que había excepciones a esta dogmática. Cuando la economía caía en crisis por sus propios y tramposos juegos y riesgos, el Estado debería intervenir de inmediato con el objetivo de salvarla, inyectándole cantidades ingentes de dinero público. El Estado sabía que “eran demasiado grandes para dejarlos caer”, y no ignoraba que los errores de la aplicación de todo capitalismo desbocado generaban productos “tóxicos” difícilmente manejables. No hay responsables ni culpables (para la justicia) de tan atroces juegos: el mercado funcionaba así y punto. Lo vivimos en la crisis de 2008 y sus consecuencias tuvieron profundas secuelas durante la década que va de 2008 a 2018. Gran parte de lo prestado con nuestros impuestos nunca fue devuelto; el daño sufrido por tanta gente en Portugal, Grecia, España, etc..., es la parte oscura y, por supuesto, nada extraña, de la apuesta ideológica neoliberal -hecha realidad-. Y no será la última vez que la historia se repita, como ahora reaparece de forma más brutal.
La Unión Europea (UE) apostó por la austeridad luterana para toda la UE. Había que equilibrar desajustes económicos de algunos países que, decían, vivían despilfarradoramente y por encima de sus posibilidades cuando la economía necesitaba todo lo contrario. Y se puso en marcha un apoyo económico a quienes habían originado la monumental crisis. Las élites económicas aumentaron su capital, se beneficiaron de él y aseguraron su poderío sobre los controles de la política. La ciudadanía padecimos con estupor y cierta desgana los recortes.
Y luego llegó la pandemia. Se abrieron debates públicos sobre la combinación entre economía y los confinamientos estatales; entre las exigencias del neoliberalismo y las recomendaciones de los epidemiólogos y médicos; entre una sensatez no exenta de problemas ante la escalada de los contagios y la libertad “a la madrileña”. Tras unos inicios dubitativos y desconcertantes, la UE inició un rumbo distinto al de la crisis del 2008 y dio respuestas valiosas y acertadas para sus ciudadanos. La pandemia se contuvo con los confinamientos… y las vacunas. Éstas fueron efectivas (y caras… gracias a las cuantiosas ayudas económicas de la UE a las farmacéuticas). En España siguieron planteándose los dos polos contrapuestos: o la economía o la política, convertidos en la luz frente a la oscuridad del futuro y la libertad frente la pobreza.
Y, sin resuello, nos llegaron algunos episodios relacionados con la crisis climática. Los científicos venían anunciando el deterioro del clima en el que la mano del ser humano era fundamental. Se reunían muchos datos: se hacían comprobaciones, se medía la extensión de los glaciares, el calor en las aguas marinas, la enorme cantidad de basura plástica en los océanos, la escasez de lluvia, el deterioro y el despilfarro de los alimentos, el aumento de los habitantes del planeta…Y un día del mes de julio (2022) nos advirtieron de que ya habíamos consumido todos los recursos que nos correspondían para este año: ¡en 7 meses los recursos que la naturaleza nos puede proporcionar en 12! En París (2015) se firmaron compromisos para mantener a raya el aumento de la temperatura de nuestro ecosistema. Han quedado olvidados. Porque, sobre todo los últimos meses, la invasión de Ucrania por el Sr. Putin ha trastocado las prioridades de los Gobiernos de los países de la UE. De nuevo política frente a economía. La guerra ha producido un potencial colapso en los combustibles con los que contábamos para el próximo otoño-invierno. Y ha logrado (falsamente) convertir en “verde” lo que hasta ahora era un enorme problema: los restos de la energía nuclear (Francia), las cuencas del carbón (Alemania, Polonia…). Si ya era casi imposible, este varapalo es la puntilla para no detener el cambio climático. No se cumplirán los pactos de París, sino que, sin duda, empeorarán. La UE ha propuesto medidas para los países que la integran. Y se han puesto en marcha en algunos de ellos. En España sigue el dilema. Aunque las medidas que ha propuesto el Gobierno español se apoyan en las europeas; aunque puedan ponerse en marcha aceptando una cierta flexibilidad, de nuevo aparece el enfrentamiento entre los partidos políticos y también entre las Comunidades Autónomas. ¿Sabemos cuáles son los planes de ahorro energético de los partidos? ¿Sabemos, al menos, si los tienen hechos? ¿Sabemos si, en ellos, los factores económicos liberales están por encima del sacrificio presente? Y, sobre todo, ¿Sabemos cuál es el esfuerzo y el compromiso que toda la ciudadanía tenemos que hacer para salir de esta situación que nos está asfixiando? ¿Es posible, de verdad, que un partido democrático anuncie que se salta la legalidad?
Jesús Mª Osés Gorraiz. Profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPNA
volver arriba

Activar Notificaciones

Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE