"Resulta frustrante que, con el precio del crudo en el nivel previo a la guerra de Ucrania, los combustibles estén mucho más caros que entonces"

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Editorial DN

Publicado el 12/08/2022 a las 06:00

El encarecimiento de la energía se ha trasladado a todos los procesos productivos y acelerado la escalada de la inflación, que se ha extendido de la luz y los carburantes a los alimentos y otros productos básicos. Una evolución también favorecida por los problemas en la cadena de suministros global derivados de la guerra en Ucrania. La apreciable caída del petróleo en los mercados internacionales durante las últimas semanas constituye un alivio para los consumidores, aunque no acaba de hacerse plenamente visible en sus bolsillos ni las causas que la explican invitan a la tranquilidad. El barril de Brent cotizaba ayer en torno a los 97 dólares, el mismo nivel que horas antes de la invasión de Ucrania el 24 de febrero. Sin embargo, el gasóleo cuesta un 27% más que entonces y un 15% la gasolina, un desfase que devora la bonificación de veinte céntimos por litro aplicada por el Gobierno. La complejidad del proceso de formación de precios en el sector, en el que no existe una relación exactamente proporcional entre los vaivenes de la materia prima y los de las estaciones de servicio, puede alimentar las sospechas de picaresca. Es cierto que los mayores gastos en el proceso de tratamiento del crudo justifican en parte esa diferencia. Que también lo hace la depreciación del euro respecto al dólar, la divisa en la que se realizan las transacciones petrolíferas. Y que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia solo ha encontrado fraudes residuales en esta materia desde la implantación de la ayuda oficial. Los carburantes encadenan siete semanas a la baja, lo que ha reducido su presión sobre el IPC. Aun cuando existan motivos que lo expliquen, resulta frustrante para las familias la constatación, una vez más, de que cuando se encarece el petróleo las gasolinas lo hacen a una velocidad propia de un cohete, mientras que cuando se abarata su ritmo de caída se asemeja al de una pluma. Pero el principal motivo de preocupación en este momento no es tanto ese como que el retroceso actual responde al temor a una fuerte contracción de la demanda.

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