Feijóo es un político curtido en mil batallas gallegas
Feijóo es un político curtido en mil batallas gallegas, pero necesita soltar lastre autonómico y centrarse en construir una alternativa

Publicado el 08/04/2022 a las 06:00
Se esperaba con interés la entrevista de Alberto Nuñez Feijóo, el nuevo líder del PP, con el presidente Sánchez. Quizás se habían echado las campanas al vuelo por mucha gente de bien que desea un acuerdo en momentos de crisis entre los dos partidos de gobierno de la democracia española, en cuestiones que tienen que ver con las políticas de Estado y también con las cosas de comer. A ambos les interesaba la entrevista, no tanto por lo que saliese de este primer encuentro, sino por el encuentro en sí mismo; que podría encuadrarse en los tratos preliminares de cualquier contrato.
Pedro Sánchez se encuentra en un momento delicado tras haber improvisado la “nueva” relación con Marruecos y sobre todo por el polvorín interno de las huelgas de transportistas, la inflación, el precio de la electricidad y la gasolina; en suma por las perspectivas sombrías de la economía española, tras la visión esperanzada de los Fondos Next Generation, nublada por la imprevisibilidad de la invasión de Ucrania.
Nuñez Feijoó ha llegado en loor de multitud tras el fiasco de Casado y le interesa proyectar la imagen de un hombre de Estado ajeno a la denominada política juvenil practicada por su antecesor, enhebrando con las tesis de Rajoy sobre la política para adultos (título de su último libro). Feijóo lo dejó claro en el congreso de Sevilla, no viene a jugar, sino a ganar y gobernar. En ese contexto la proyección del PP como alternativa de gobierno se ve reforzada, si el presidente del Gobierno quiere pactar algo con el nuevo líder de la derecha o centro derecha del país.
El presidente es un político curtido en el arte de hacer bailar a sus adversarios; cambia con frecuencia de opinión y quizás los historiadores del futuro le califiquen como el gran camaleón de los políticos de su generación. Pero de momento tiene baraka, y sobre todo es un político resiliente al desaliento y sin prejuicios a la hora de cambiar de política, si le conviene. En términos modernos, un survivor, como lo tiene bien acreditado.
El líder gallego tiene un hándicap: el poder padecer el síndrome de ser presidente de Comunidad autónoma. Madrid devora a líderes autonómicos cuando saltan a la política nacional y aunque Feijóo es un político curtido en mil batallas gallegas, necesita soltar lastre autonómico y centrarse en construir una alternativa sólida y creíble para el electorado, que antes que tarde será llamado a las urnas. Tiene la obligación de proyectarse como un líder nacional. Y más aun tiene que construir su alternativa con los mimbres que tiene en el Congreso de los Diputados; además no es diputado ni puede serlo, razón por la que seguramente será senador autonómico en un Senado devaluado políticamente, pues los líderes políticos del país están en el Congreso.
En este primer encuentro, cordial en lo personal, pero poco fructífero en lo político, ha salido el acuerdo de retomar las negociaciones para desbloquear el Consego General del Poder Judicial y renovar el Tribunal Constitucional, cosa que le interesa especialmente. Pero en la política del do ut des, Feijóo puede tener su señuelo o su oportunidad, sabiendo que el acuerdo con Vox en Castilla y León, le condicionará. Es la herencia recibida, que seguramente deberá aceptar a beneficio de inventario.
Un nuevo escenario se abre en la política española y los líderes que la posibilitan deberían entenderse en alguna de las cuestiones que interesan a los españoles, para salir de los gobiernos Frankenstein, aunque no será cosa fácil, pues el país está dividido en dos bloques.