"La foto de la maleta"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 13/03/2022 a las 11:15

Monsieur Strédinine era un profesor de matemáticas del Liceo Francés de San Sebastián con pantalón de tergal, raya recta como las fronteras del Sahel, camisa sahariana de manga corta ajustada al abdomen y antebrazos para derribar un árbol. Era un tipo verdaderamente disciplinado, recto y fibroso, un alma tan precisa y silenciosa que un día nos contó que había sido soldado en la guerra de Argelia y nos pareció perfectamente normal. Dibujaba sobre la pizarra curvas exactamente gaussianas y unos círculos tan perfectos girando la mano sobre el codo, que yo siempre creí que en su cabeza planeaba una operación en el desierto. De la guerra contaba poco, aunque de vez en cuando se quedaba en silencio, perdido en la mirada de las dos mil yardas en que se suspenden los hombres que han entrado en combate y que consiste en poner la vista en algo que está muy lejos aunque estén mirando una manzana puesta en la esquina de la mesa. Los fantasmas no lo abandonan a uno nunca y lo acompañan como una comparsa de huesos y de calaveras que está ahí para siempre. Todas las fotos de la guerra son la misma, los cuerpos desmadejados, la tez cerúlea, los niños llorando en el asiento de atrás con la bufandita al cuello -que ha escrito Jesús Nieto Jurado- y los cuerpos de la familia bombardeada cuando huía de Kiev, el padre de cuatro junto al trolley en el que llevaba lo poco que se recogió en casa para escapar de la guerra. Regreso a esa maleta que en la foto aún señala el brazo del muerto tendido en el suelo boca arriba y es de esas imágenes que cambian la historia del mundo. La civilización es compartir un banco de imágenes y entre ellas tenemos ya la mano que se alarga hacia la maleta como si se hubiera ido de este mundo sin querer soltarla, cegado por el impulso atávico de salvar a sus hijos y a su mujer, todos muertos en la foto del criminal atentado. Me obligo a detenerme en ella sin girar la cabeza ante la imagen y entonces recuerdo al viejo profesor Strédinine, que de todas las leyes de la guerra, solo nos habló de una: no se dispara sobre las ambulancias. 

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