A mi manera

El odio no cotiza en bolsa

En el metro los rincones son un refugio donde los humanos se protegen. Pero el miedo es un arma de destrucción masiva

Un grupo de personas se dispone a pasar la noche sobre el suelo de una estación de metro en Ucrania
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Un grupo de personas se dispone a pasar la noche sobre el suelo de una estación de metro en Ucrania
Un grupo de personas se dispone a pasar la noche sobre el suelo de una estación de metro en Ucrania

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Jose Murugarren

Actualizado el 27/02/2022 a las 10:12

La guerra en los medios de comunicación es un juego de estrategia. Los tanques rusos entran en la capital. Los bombarderos la sobrevuelan. Eso dicen los periódicos. En el metro de Kiev debe ser otra cosa. Imagino que habrán desaparecido los violinistas que tocan a Vivaldi. Miro las fotos. Los pasillos y los rincones son un refugio donde los humanos se protegen. Pero el miedo es un arma de destrucción masiva. Arriba, la artillería rusa y la ucraniana se enfrentan en las calles. En las radios se oye a Putin y a Zelenski. El ruido amplificado de la guerra. Abajo, imagino la respiración agitada de los desvalidos por las galerías del suburbano . Las madres y los padres conteniendo la zozobra pidiendo a sus hijos que no se alejen. Ancianos y niños con los cuerpos pegados los unos a los otros ofreciéndose calor y afecto mientras arriba, a cuatro tramos de escaleras mecánicas, se matan a tiros los soldados. Cada vez que llega desde el exterior el sonido de los disparos abajo, en el fondo, en el infierno ciego del metro, hay un alma a la que se acelera la respiración. Maestros, obreros, comerciantes, dependientas y parados acurrucan el miedo entre las mantas como si así lograran rehuírlo. Seguro que muchos rezan. Otros lloran. Algunos intentan hacer pasatiempos ahora que el tiempo amenaza con no pasar. El reloj está congelado. Ojalá pudiera bloquearse también la ansiedad. Para ponerle freno. Para que no crezca. Hay a quien la angustia se le despliega por el cerebro más rápido que el ejército ruso por la capital. Aquí abajo, en el fondo de los pasillos del metro las neuronas de muchos ya han claudicado. Son humanos sufriendo. Hoy en Ucrania. Mañana quién sabe. Porque la guerra es el virus que crean los poderosos cuando arrojan al contenedor la política que deberían poner en marcha para evitarla. El miedo es el primer contagio en el refugio de los vulnerables.

Hay algo primitivo en imponerse por las armas y pisotear la voluntad ajena como si fuera un desperdicio. Algo terrible en esta locura de Putin que sustituye el futuro por la muerte a sangre y fuego y siembra un odio que germina rápido y perdura. Sube en los mercados y en la bolsa el precio del gas, la luz, los combustibles y las materias primas pero el que se dispara es el precio del odio. Suerte que no cotiza en bolsa.

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