"Llegué al bar y me senté en la barra"

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Pedro Charro

Publicado el 20/02/2022 a las 17:14

Llegué al bar y, ahora que se puede, no como antes que había que ir a hurtadillas, me senté en la barra, y nada más dar el primer sorbo a mi café comenzó a oírse una canción de Cat Stevens, de las que cuando éramos jóvenes bailábamos en los guateques, aunque pronto Stevens cayó en desgracia por ser un blandengue, desplazado por las tenebrosidades del rock duro, por Deep Purple y compañía que apunto estuvieron de explotarnos las meninges, y por los viajes oníricos del rock sinfónico de Pink Floyd, Yes, King Crimson y compañía con los que flotábamos en el espacio. El caso es que al poco volví a Stevens, pues es una ley retornar a lo que alguna vez rechazamos, pero me encontré con que se había convertido al Islam y había abandonado la canción. Fue el año 1978, cuando Stevens estaba en la cima del éxito, tenía dinero, fama, triunfaba con las mujeres y coqueteaba con la coca, hasta que un día estuvo a punto de morir en el mar, engullido por una ola, según dijo, y prometió a Dios que si se salvaba dejaría todo eso y se consagraría a Él. Una vez a flote se dejó crecer la barba, se cambió el nombre a Yusf Islam, se puso una túnica y dejó Babilonia, abjurando de su vida anterior y prometiendo no volver cantar. Puede que esto sea una prueba más de que tenerlo todo es lo que más hastía, y que entre todas las ambiciones la más profunda es la espiritual, pensé, mientras en el bar volvía a oírse el estribillo baby, baby is a wild world que parecía venir desde las profundidades del tiempo, mientras yo miraba las rodajas de limón, los sobres de azúcar de varios tonos sobre la barra, absorto, trasladado por esa música directamente al pasado, cuando todo estaba por llegar. En ningún verso del Corán se dice que no pueda hacerse música, declaró Yusuf tras 28 años de silencio, al anunciar que sacaba un nuevo disco: An other cup, y que volvía a sus viejas canciones, dispuesto incluso a salir de gira por ahí, hasta que una ola, supongo, volviera a devolverlo al silencio.

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