"Pepefélix Tezanos vino a este mundo a equivocarse"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 20/02/2022 a las 17:09

No hay nada como ver a alguien equivocarse. El error es el mayor de los espectáculos que nos ofrece el ser humano. La inteligencia, la fuerza, el valor, el desempeño, la audacia y el temple no serían nada sin el contrapunto de la torpeza, pues otorga perspectiva a todo lo demás. Hay que hablar de los errores, pues solo hay algo mejor que asistir al momento en el que alguien mete la pata, y es que mucha otra gente también asista a ello. La publicidad del tropiezo resulta fundamental. Cuando uno se come un escalón en el metro, la mejor parte de la caída consiste en que la vea otro. Ahí es donde duele de veras, por eso el tropezante, antes de mirarse la fractura abierta de peroné, mira a ver si lo ha visto alguien.

La estupidez está infravalorada. Necesitamos tontos que se equivoquen en público, tontos con balcones a la calle y sensores de aparcamiento. Si no hubiera gente equivocada, no se le daría el valor que merece el acierto. Pepefélix Tezanos, por ejemplo, vino a este mundo a equivocarse y en esto hay que darle profundamente las gracias. De los resultados de la encuesta-flash del CIS a las autonómicas de Castilla y León, no ha acertado ninguna de las horquillas de los partidos y eso que las horquillas tenían las anchura del Delta del Okawango. Ayer salió a defenderse y a decir que lo suyo no es adivinación. Ya nos lo estábamos imaginando. Empiezo a sospechar que cada vez que dice que España va a votar al sanchismo, Pepefé no pretende acertar con lo que va a suceder, si no que suceda. La encuesta como profecía autocumplida concedería al tezanismo un aura villana y por lo tanto sofisticada que le niego en un acto de generosidad, pues al torpe fabuloso, darle la razón es quitarle méritos. Como augur inverso, Tezanos encarna el pedrismo en el que si te juran que algo va a pasar es señal inequívoca de que no sucederá nunca. Me recuerda tanto a aquel chiste en el que uno del pueblo perdía todas las apuestas. Al enterarse en el médico de que tenía tres testículos, fue al bar y se jugó toda su fortuna con los parroquianos. Apostó a que entre el camarero y él juntaban cinco huevos, a lo que el camarero respondió: “Pues como no tengas tú cuatro…

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