"No todas las vidas son iguales, pese a lo que predicamos"

Publicado el 07/02/2022 a las 06:00
Amnistía Internacional (AI) ha publicado unos datos escalofriantes sobre las muertes en las residencias de ancianos en España durante la primera ola del covid, en 2020, que ya nos parece algo remoto pero que causó la muerte a 35.000 mayores. Ningún otro acontecimiento, ninguna catástrofe, desde la guerra civil, se le puede comparar. Sin embargo, parece que se trata de algo olvidado, oculto, que se da por supuesto. Algo a lo que no queremos mirar de frente. En una sociedad llena de ofendidos por cualquier causa, sobre este desastre hemos pasado de puntillas. Los familiares han puesto querellas pero, según AI, la mayoría han sido archivadas casi sin investigación, sin escuchar a las familias ni visitar los centros. La realidad es que durante aquellos días extraños, recluidos en casa, donde todo parecía irreal, se produjo este drama oculto en que se optó por no derivar desde las residencias enfermos a unos hospitales que no daban abasto. Sin plantearlo quizás abiertamente, se entendió que la vida de estas personas no valía ya tanto, o que era difícil que salieran adelante y que debían dejar su sitio a otros más jóvenes. Una buena parte de los ancianos que murieron esos días lo hicieron en su cama de la residencia y este es un hecho que habla por sí solo. No todas las vidas son iguales, pese a lo que predicamos, y eso se demostró en la práctica. Puede que esto sea un anticipo del mundo que viene, donde los mayores van a ser cada vez más y la atención sanitaria, como estamos viendo, no podrá atender a todo el mundo. Pocas cosas hay de tanta trascendencia, y a las que hagamos menos caso. Ningún deseo es mayor en un hombre que el de ser reconocido, tenido en cuenta, ocupar un lugar, saber que importa. Con suerte, también ser amado. Tal vez este asunto de las residencias no sea tanto de juzgados y compensaciones, sino de otro tipo de justicia. La justicia de reconocer a esas personas a quienes abandonamos a su suerte, y con quienes no supimos estar a la altura.