Series

La memoria, la familia y otros animales

Jack y Rebecca (en el centro), con sus tres hijos: Kevin, Kate y Randall y sus parejas, en una imagen imposible, en la que todos tienen la misa edad
AmpliarAmpliar
Jack y Rebecca (en el centro), con sus tres hijos: Kevin, Kate y Randall y sus parejas, en una imagen imposible, en la que todos tienen la misa edad
Jack y Rebecca (en el centro), con sus tres hijos: Kevin, Kate y Randall y sus parejas, en una imagen imposible, en la que todos tienen la misa edad

CerrarCerrar

Sonsoles Echavarren

Publicado el 06/02/2022 a las 06:00

Lo he vuelto a hacer. Me he enganchado como una fan (o fanática o ‘friki’) a la nueva temporada de ’This is us’ (Amazon Prime Video). Y llevo varios día soñando con Kevin, Kate, Randall, Rebeca y Jack. Sus parejas estables o las que van y vienen, sus hijos, hijas adoptivas o de acogida, padres biológicos que surgen de la nada, sobrinos, tíos, nietos... De todos los colores e identidades sexuales. Vamos, que los Pearson han vuelto otra vez a ser como de nuestra familia. De hecho, hoy me ha preguntado mi marido mientras comíamos que cómo acabó el capítulo de anoche porque se quedó dormido. “Pues no veas la bronca que tuvieron Tobby y Kevin por el dinero”, le he respondido, como si le estuviera resumiendo lo que pasó en nuestra última reunión con hermanos, cuñados o amigos. “¿En serio? ¿Y cómo lo resolvieron?”, ha inquirido curioso. “Ah, pues ya verás el episodio”, me he reído. Y así son últimamente nuestras conversaciones. Como si no tuviéramos suficiente con nuestra vida de idas y venidas a cumpleaños escolares, compras en el supermercado a deshoras porque siempre se olvida algo, repaso de las divisiones de dos cifras o llamadas telefónicas de hermanos y amigos que quieren hacer alguna consulta o, simplemente, desahogarse. El caso es que, entre los problemas propios y ajenos, he estado pensado mucho en algo que casi le roba el sueño a mi mente novelesca. En una realidad imposible de viajes en el tiempo. Adelante y atrás. Y otra vez hacia el futuro y de nuevo, décadas hacia el pasado. Me fascina pensar en las generaciones que nos precedieron, porque si no, no estaríamos aquí. En las que nos sucederán algún día, que nos deberán su existencia. Y en cómo hubiera sido nuestra relación con ellos si los hubiéramos conocido ahora. Es decir, ¿serías amiga de tu madre si las dos sumarais 45 años? ¿Compartiriáis café y confidencias alrededor de una mesa? ¿Te llevarías bien con tu hijo adolescente si retrocedieras en la máquina del tiempo? ¿Y le confiarías tus primeros amores inconfesables? Puede que no sea un tema de calado político ni económico ni de salud pública de rabiosa actualidad. Pero a mí me preocupa e interesa a partes iguales. Porque, seguro que si tienes un problema no recurres al político de turno ni al mejor epidemiólogo.

Me gustó, hasta el punto de que lo he visto en dos ocasiones, el capítulo de la serie en el que se contraponen las relaciones padres-hijos entre Stanley (el padre de Jack) y su hijo mayor cuando lo llevaba a sus partidos; entre Jack y Kevin (de adolescente y también cuando jugaba a fútbol) y Kevin y sus bebés recién nacidos. En una imagen ficticia (y perdón por el ‘spoiller’) en que confluyen Jack y Kevin de adultos, el padre le dice al hijo: “Yo me pasé toda la vida sin querer parecerme a mi padre y tú estás obsesionado con ser como yo. Olvídalo. Sé tú mismo”. Y me hizo reflexionar. ¿Estamos abocados a reproducir los pensamientos, opiniones o, incluso, adicciones de nuestros padres, como ocurre en esa familia con el alcoholismo? ¿O podemos eliminar de un plumazo la carga genética o epigenética, la que no viene en los genes pero sí aporta la convivencia y lo aprendido?

Repaso los albúmenes familiares y veo las fotos de mi abuela y mi madre a la edad que yo tengo ahora. Me parecen mucho mayores. Pero, al margen, de eso, ¿podríamos haber sido tres amigas que se van de compras? Paso las páginas y me observo a mí misma con granos de adolescente y ‘brackets’ en los dientes. ¿Qué pensaría mi hijo si hubiera sido su compañera de clase y pedido ayuda con el análisis sintáctico?

Como en la novela ‘Mi familia y otros animales’, de Gerald Durrell, la primera parte de su trilogía de Corfú, imagino a mis familiares de todas las épocas reunidos y revueltos en aquellas casas en las que se acomodaban según sus necesidades. Porque la memoria de los demás, sobre todo la de nuestros antepasados, también nos pertenece. Y porque el argumento de la vida siempre es más complejo que el de las películas. A excepción de los Pearson. 

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora